AQUÍ, O CABEMOS TODOS O NO CABE NI...
Si hubiera cien mil falangistas, habría cien mil Falanges distintas; lo interesante está en que todas coincidirían en algunos conceptos básicos siendo cada una, por lo demás, "de su padre y de su madre". Pero tales coincidencias no logran ocultar las numerosas diferencias que se profesan quienes proceden de una familia "azul" o de otra.
El viernes pasado asistimos a una mal proclamada "tertulia". Resultó, más bien, un repaso a la declaración de intenciones de cada uno de los grupos familiares presentes para constatar, una vez más, la gran coincidencia que se da en lo fundamental y cómo las mayores divergencias no superan el orbe de lo accesorio.
Cuando el 29 de octubre de 1933 alguien comenzaba la andadura de un nuevo movimiento político, poco podría imaginar que casi ocho décadas después las interpretaciones de sus palabras iban a conducir al mayor desastre funcional que se puede ver en la política española.
Desde esta página siempre hemos promulgado que el sentimiento de identidad común de los Nacional-sindicalistas pasa por el encuentro y el reconocimiento personal. De ahí nuestra insistencia en el -tradicionalmente falangista- modelo de las tertulias que, por más que actividades de salón, han venido a imprimir un tono reflexivo y estratégico a nuestro movimiento. Todo ello desde el convencimiento en que la acción por la acción, sin tener delimitado ningún tipo de objetivo, es apenas una forma de estéril escapismo.
Por eso, tenemos que preguntarnos: ¿donde va la Falange? ¿Tal vez pretende echarse al monte, pasearse con aire huraño bajo protección policial? ¿O hacer el ridículo, aún más, gritando tres o cuatro delante de los policías que son los únicos que os escuchan? A título particular, está bien que cada cuál haga lo que quiera, sepa o pueda. Pero a título particular, por favor: sin degradar el nombre de Falange en aventuras de bajo bordo y desenlace incierto, cuando no sencillamente grotesco.
Es hora, más bien, de valorar los aportes de las "tertulias de salón" que han sido a lo largo de más de setenta años de falangismo. Las que nos enseñaron a Unamuno (la España que nos duele), a Ortega (la España invertebrada), el personalismo humanista de Mounier y otras fuentes de las que bebió José Antonio. Ceferino, que tanto sabe de la intrahistoria de la Falange, nos podría hablar de unos cuántos más; tal vez, de las escurridizas "Cartas de Aldea", que Indalecio Prieto entregó a Miguelito Primo de Rivera.
Muchas gracias, en fin, por la instrucción impartida. Que, entre otras cosas, nos enseñó la fatuidad y pretensión de quien se arroga facultades para conceder la condición de falangismo según y cuándo le convenga. Bajo el criterio, inapelable como el pasado viernes, de la riña o la antipatía personal y la descalificación de quien se dirigió en todo momento a la concurrencia con educación y espíritu constructivo, que son las únicas cualidades verdaderamente exigibles a un tertuliano: hablar (con conocimiento de causa, diciendo la verdad) y dejar hablar (con respeto y buena educación).
Tertulia, en fin la del viernes ayuna de propuestas imaginativas y concretas y pero que deparó, al menos, el ejemplo de Ceferino, 91 años y brazo firme para la noble causa de desfacer entuertos, y la alegría por el reencuentro con nuestro viejo y querido camarada Juan Domingo, otro ejemplo de coherencia y honradez a un precio imposible de calcular.
Gallos de Marzo.





Juan Domingo dijo
"Nada de un párrafo de gracias". Sólo decir que esas virtudes que me sonrojan dichas por los camaradas de Gallos de Marzo están a disposición como siempre al servicio de la Falange y del posible renacer del que dimos un pasito a pesar de todo el viernes pasado.
Con todos los problemas ¡HAY QUE SEGUIR ADELANTE¡. Sabemos que allí éramos todos toros miuras y la plaza era muy difícil, pero el fin es honrado y magno, aunque las dificultades sean numerosas y vayamos descubriendo en próximas reuniones de camaradas.
Nuestro irrenunciable ¡ARRIBA ESPAÑA¡
12 Septiembre 2011 | 09:20 PM