¿Vamos a la huelga?
Por Eduardo López Pascual
Para este 29 de septiembre hay convocada una huelga general que, independientemente de quien la convoque, nosotros, todos, debemos de posicionarnos, al menos los que estamos más comprometidos. Sin embargo ocurre que, como pasa muchas veces, nos debatimos entre la ética y la política, ya que surgen situaciones de duda ante la actitud que se debería de tomar en esta huelga en razón de sus protagonistas, esto es, los sindicatos mayoritarios. En este sentido, si bien es verdad que los convocantes parecen impresentables a tenor de su trayectoria en los últimos años, la posibilidad de una ausencia por nuestra parte, y no digo que se tenga que alabar, podría dar la impresión de un nuevo alejamiento por nuestra parte de los intereses de los trabajadores en general.
Es verdad que tanto CCOO como la UGT merecen una reprobación extensa por su baboso seguimiento a las desastrosas iniciativas del gobierno socialista y del inefable Zapatero, que han culminado con su ominosa ley laboral; y es verdad que esos sindicatos han actuado y actúan como garantes de un gobierno que ataca a los trabajadores, pero no es menos cierto que todo el país, hablamos genéricamente, quiere manifestar su protesta y su rechazo a las reformas que se han aprobado en el Paramento. De alguna forma hay que responder a esas normas que lejos de servir para salvar la crisis, profundizan el paro, agudiza la precariedad laboral y agreden a nuestros salarios y pensiones de un modo verdaderamente insultante. Es algo tan evidente que incluso la archidiócesis de Sevilla, a través de su Pastoral Obrera no ha dudado en apoyar la próxima huelga del 29 de septiembre, porque reconoce que se está sufriendo la mayor agresión que han tenido los derechos de los trabajadores.
De manera que aunque sabemos que este sindicalismo pseudo vertical, de Méndez y Toxo -, por cierto este último ha demostrado su sensibilidad con los problemas de nuestros trabajadores gozando de un crucero de lujo por el mar Báltico, en camarote exterior y camarero personal, y un de doble ático en Madrid-, no representa a los verdaderos intereses de los trabajadores, sean obreros, especialistas o técnicos, sino como se ve muy claro, aparecen actuando desde la indiferencia más hiriente, nosotros los falangistas (es mi opinión), precisamente tendríamos que estar junto al perjudicado en esta crisis que es siempre el más desfavorecido, el pueblo llano y de a pie. Puede que apoyar esta huelga hasta nos repugne éticamente por quienes la proponen, pero políticamente los nadie debería inhibirse de participar, en lo que podamos, porque aunque vayamos sin pancartas ni banderas, la gente de nuestros pueblos nos conocen y verán que estamos con quienes debemos de estar.
Se o me supongo que en nuestros entornos, existe la impresión de que no se tiene que opinar, y ta vez defiendan que esté recado no es nuestro, no obstante desde mi humilde análisis, creo que al igual que la Iglesia da un paso de compromiso, con todas las reticencias posibles, pero que es firme al lado de los trabajadores más desfavorecidos; por esta vez, dejemos la reflexiones moralistas para proceder desde una opción política que, además, coincide con una interpretación ordinaria de la realidad española; naturalmente en mi caso, por pura disciplina y porque no atenta contra principios ideológicos sino estratégicos, prefiero el compromiso inmediato y me postulo a favor de apoyar la huelga. Una bandera rojinegra y unas flechas en haz, me acompañan.





Istolacio dijo
De acuerdo totalmente con tu opinión, Eduardo.
Yo me sumo a la huelga. Los sindicatos serán todo lo criticables que queramos, y que su gran parte de responsabilidad la tienen en lo que está pasando.
Ya me he posicionado en cuanto a mi opción para renovar el sindicalismo de clase.
Pero hoy por hoy, la alternativa inmediata que la derecha liberal nos pretende colar es que desaparezcan los sindicatos y con ellos los convenios colectivos, para que cada empresa pueda contratar individuo por individuo con arreglo a "la productividad" que siempre, claro, será bajísima; y por consiguiente el vendedor de su propio trabajo tendrá que aceptar un sueldo y unas condiciones laborales de miseria. "La ley de bronce de los salarios" o el retorno a uña de caballo a la esclavitud, incluso "revolucionariamente", sin pasar siquiera por la fase de servidumbre; si es que no estamos ya en ella metidos.
Ojo con lo que está tan de moda y que se llama "nacional-liberalismo" que no es otra cosa que envolver con la bandera nacional el podrido orden liberal burgués. Ese patriotismo no es el nuestro, sino que está en contra del nuestro. Por mucho que intereconomía, esradio y otros medios de ultraderecha lo exalten. Me da grima un "neopatriotismo" que proviene de los´éxitos deportivos y que sirva en última instancia, para tapar artificialmente con una hipotética "unidad nacional" la profunda división de España en sus clases y la venta de todo el producto de su trabajo al sistema financiero que por esencia propia, es internacionalista. "El patriotismo puede ser la última razón de los canallas" según la famosa frase de aquel teniente (el único militar íntegro que aparece en el film) de "Sendereos de Gloria" de Stanley Kubrik.
Todos a la Huelga General. La única violencia que pueda haber en ella, será la que provoque la Patronal.
Un fuerte abrazo, Eduardo
a
23 Septiembre 2010 | 10:43 AM