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6 Mayo 2010

Luis Rosales, de la generación del 36: el reconocimiento del poeta suprimido

Complicada figura la de este poeta que hubiera cumplido 100 años el próximo 31 de mayo y a quien se dedica una exposición en el centro cultural que lleva el nombre de su obra maestra, La casa encendida, publicada en 1949. Viajará después la muestra a Granada y a Santiago. El título, igual que una de sus obras, claramente poética pero escrita en prosa, El contenido del corazón, editada en 1969.

El documental Así he vivido yo, que completa la exposición, trata de desmentir el constante rumor acerca de su relación con la detención de Federico García Lorca (estaba refugiado en casa de los Rosales, de ideología falangista, cuando fue apresado). No son pocos los frentes que arrastra abiertos el poeta y que oscurecen su obra.

Ha habido otros escritores, hoy considerados imprescindibles, a quienes se ha perdonado o en los que no ha pesado tanto como para condenar sus letras. Pero al nombre Luis Rosales (Granada, 31 de mayo 1910, Madrid, 26 de abril de 1992) aún le cuesta deshacerse de sus 'males'.

La generación tachada

Fue uno de los destacados de la generación del 36 (Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo...) y uno de nuestros imprescindibles de la posguerra, y aunque él mismo supiera que era parte de un grupo poético obligado y destinado a la supresión, conservaba esperanzas en el futuro.

"Sobre esta generación ha girado la historia española", respondía el poeta a Dragó cuando lo entrevistó con motivo de la concesión del Cervantes en 1982, "ha girado como hacen las puertas, forzando el interior y dejando el gozne en el vacío". Añadía la condena a que estaban destinadas sus letras y las de los suyos: "No hay una puerta histórica que gire sino creando un vacío y nosotros hemos sido la generación suprimida, el vacío que necesitaba la historia para seguir siendo historia".

Sin embargo, él creía en el poder curativo del tiempo, en el hueco por el que quizá se colaría en el futuro el reconocimiento: "Algún día tendrá esta generación el reconocimiento, el que sea, pero lo tendrá. Hicimos un esfuerzo por la continuidad de la cultura". Ahí justo reside la clave de la poesía arraigada con que se ha bautizado la producción de estos poetas. Era una poesía intimista, centrada en lo cotidiano: la familia, la amistad, el hogar, la costumbre, la rutina. Versos con arraigo de quienes se quedaron en España tras la guerra y siguieron publicando.

Fue la publicación de Abril, en 1935, su comienzo oficial en la poesía. El inicio de un poeta que cantó mucho a las cosas pequeñas y cuya poesía ganó en serenidad a medida que pasaron los años. José Bergamín, su amigo, su maestro y su editor, fue quien publicó aquella primera obra de Rosales. Inauguraba con ella la colección en la que irían después poetas como Alberti o Neruda. "Esto me ayudó mucho. Fui publicado en la misma colección en la que saldrían importantes poetas", reconoció. Después vendrían, entre otros, Retablo de Navidad (1940), La casa encendida (1949), Rimas (1951), Diario de una resurrección (1979) y La carta entera (1980).

Un derrame cerebral, que no le costó la vida, interrumpió su escritura y le afectó al habla. Una de las jugarretas del destino. Cuando ya no sólo contaba con un lugar en nuestra cultura sino también en la Real Academia Española (fue nombrado en 1962), le llegaba una dura prueba. Volvió sin embargo a publicar en algunos medios. Y siguió esforzándose por recuperar la normalidad.

Con los pies descalzos

De Bergamín se quedó siempre con una de sus enseñanzas iniciales. "Le dije un día: tengo mucha dificultad en expresar con palabras lo que pienso. Y Bergamín me respondió: Luis, no se escribe con ideas, se escribe con palabras".

Ya mayor reconocería Rosales la verdad de aquella respuesta. Y no sería lo único: llegó a confesar que lo más difícil de todo había sido mantener la vocación de poeta y la mayor tentación, intentar buscar la popularidad. Sobre todo porque el suyo ha sido siempre el género más difícil, más ingrato, más pobre: "La poesía es la más desvalida y menesterosa, anda siempre con los pies descalzos".

Acaso por ello defendía tanto su faceta como prosista: "He escrito miles y miles de páginas en prosa. He estado media vida... pero siempre me dirán el poeta Rosales".

Apasionado admirador de nuestro más ilustre escritor, le dedicó una de sus obras en prosa:Cervantes y la libertad. La razón: "Jamás ha habido en España un escritor que se haya desenfadado tanto, que haya jugado tanto, que haya trabajado una materia sin hacer, que se haya afirmado y que se haya desmentido tanto como Cervantes".

También en prosa fue la labor que le dio de comer: el periodismo. Y le gustaba tanto que se reivindicaba periodista: "Profesionalmente he sido periodista. No he hecho otra cosa. Mi profesión, periodismo, y mi deseo, periodista. He sido eso vocacional y profesionalmente". Fundó Jerarquía, trabajó en Escorial, colaboró en Isla y Vértice, y dirigió Cuadernos Hispanoamericanos.

Son sin embargo sus versos los que resisten: "El dolor es un largo viaje/ es un largo viaje que nos acerca siempre/ que nos conduce al país donde todos los hombres son iguales".

Autor del año 2010

No son muchos los actos o celebraciones que con motivo de su centenario se están realizando, y tampoco encontramos ediciones de muchas de sus obras (incluidas y sobre todo las fundamentales), que en su mayoría están agotadas. Sólo la antología que hizo de Rosales el poeta Félix Grande en Porque la muerte no interrumpe nada (Sibilina). Sin embargo, Andalucía, tierra del granadino, ha querido nombrarlo Autor del Año 2010. Con esta mención especial al poeta, otorgada en años pasados a Alberti, Ayala, Lorca, Cernuda o María Zambrano, se intenta dar a su figura la altura merecida: la de los nombres más relevantes de nuestra cultura.

PAULA ARENAS .  20 minutos

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Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes

Quisisteis ser el ascua en otro cerco

que enciendan acampadas venideras

en pos de ese sueño... siempre terco

atisbado en románticas quimeras

No quisisteis jamás dejar de serlo

a pesar de ver arriadas sus banderas

...no se deja de estar por no entreverlo

... no se deja de ser, por quedar fuera

Cinco flechas en distintas direcciones

apuntan, soportando el mismo yugo

buscando así atinar blanco seguro

Cinco mil distintas opiniones

vivifican y atemperan al verdugo

que quisiera ejecutar... Nuestro futuro

(Sancies)

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