Haciendo Historia
por Eduardo López Pascual
Con todo esto de la memoria histórica, y lo escribo a conciencia, nos lleva recurrentemente a traer cerca de nosotros algunos pasajes del pasado que en verdad, merecen cierto detenimiento. A tenor de la humillante decisión de este Gobierno de suprimir las alusiones a unos cuantos militares Laureados, algunos de concesión anterior a nuestra trágica guerra incivil, aunque esto de trágica - referida a la española de 1936-39, es pura retórica pues todas son trágicas-, me viene a los sentidos la gran hipocresía sostenida y practicada contra viento y marea, por estos representantes de los españoles más sectarios que recuerdan los historiadores auténticos. Y lo es, porque en nada se intenta ser objetivo, aunque esto siempre cueste su trabajo, cuando los encargados de desarrollar esa Ley, demasiado forzada por la intransigencia, no la ejercitan justamente con figuras, estatuas, reconocimientos y personas ubicadas en la otra parte de esa Memoria.
Esto, por supuesto, es lo que más nos indigna; no que se elabore una Ley para la reconciliación, de unos y de otros, sino que se empecinen torpe y falazmente en borrar todo vestigio de una parte, y continúen las exaltaciones dadas a los calificados por ellos como malvados. Y de ahí su afán por ese empeño iconoclasta de destruir y asolar esos trazos de Historia, que además será imposible porque la relación, por ejemplo de Caballeros Laureados, es algo que forma parte irreversible de la vida española en los cien años anteriores. Pero es precisamente por esta obsesión, cuando más se nota la posición ahistórica de una decisión política. Ahora mismo, próximo al 75 aniversario de la muerte -suicidio- de José Díaz Ramos, que fue secretario general del PCE, (Sevilla 1932), traicionando al grupo de Bullejos, una vez rebotado de la agrupación anarquista La Aurora y del propio movimiento cenetista, con un currículo de consentidor, inspirador otras veces, animador muchas otras, de represiones, acusaciones mortales o de estalinista comprobado -según cuentan historiadores apreciados-, observamos, ahora que se van a cumplir cinco años de su entierro en Sevilla, que a este importante protagonista en la Guerra Civil, impulsor del Frente Popular, y defensor a ultranza del enfrentamiento total entre españoles, fue nombrado nada menos que Hijo Predilecto de Sevilla, en 2005, a instancias de IU sevillana con Anguíta -, Psoe y El PP de avalistas, y con exequias en el mismo Ayuntamiento de la ciudad.
Nos parece provocativo que se utilicen unas leyes para descolgar Cruces laureadas, incluso a militares que las tuvieron antes del 36 , y no sientan vergüenza en mantener este reconocimiento que -ahí están las fotos de uniforme guerracivilista- ,a un personaje que como mínimo cuenta con demasiados méritos para ser borrado de la lista de honores, José Díaz Ramos que, entre otras cosas, su fanática convicción leninista-estalinista le proclama de todo menos defensor de la democracia, tal como se entiende en la practica y la ciencia política. Quizá sea conveniente que este año, se cumple el quinto aniversario de este a todas luces inmerecido homenaje- se pida su retirada o acaso, exigir una providencia que lo equipare a la de los caballeros laureados, que esos sí, jamás serán olvidados por la historia de España, pues es la constancia de un servicio absoluto a la patria común. Si Pepe Díaz, como se hacía llamar, hubiera vivido una gesta similar a los laureados, cualquiera que fuera sus convicciones, no tendría ningún pudor en reconocerlo, pero él - que se sepa- no fue ni un héroe ni un patriota. Estuvo al servicio de Kremlim.




