OBASANIDAD
Por Eduardo López Pascual
Yo creo que nadie con un mínimo sentido de justicia y democracia puede sentirse feliz, si el actual presidente de los EE.UU. fracasa en esa intención de procurar una sanidad universal y gratuita para todos los norteamericanos. Bien es verdad, a mi me lo parece, que algunos de por esta orilla, gozarían con que Obama fallara y no digo que recen, pero casi, porque las cámaras yanquis senado y representantes-, mantengan una votación en contra de esta iniciativa que cualquier defensor de la solidaridad social tendría en sus reivindicaciones más urgentes y necesarias. Desde luego el asunto planta mal cariz en estos días para el presidente Obama, tanto por la resistencia que ponen los americanos más tradicionales a que el Estado meta las narices en su autonomía y libertad, tal como ellos la entienden, es decir primacía absoluta del individuo ante la sociedad, como por la negativa institucional de las dos cámaras USA, frente a su propio presidente. Incluso representantes del partido demócrata - el de Obama-, votando contra ese deseo que aquí consideramos irrenunciable en un Estado de Derecho, como es la asistencia sanitaria universal y gratuíta. De modo que para que no existan dudas algunas al respecto, sobre que opinión tendrían los falangistas (al menos los que coincidimos en esta prueba de elemental justicia), resulta un deber para mí expresar mi completa esperanza de que al fin, en los Estados Unidos gracias a la decisión de Barak Obama, puedan tener esa cobertura de salud tan de justicia como de modernidad ciudadana.
Quiero suponer que las fuerzas políticas de una derecha formal como el Partido Popular, y no digamos las de CIU y PNV, o CC, abogarían por la implantación nacional y general de la atención completa a su salud; las excusas de seguros privados, o asistencia marginal no corresponden ni a ese índice de justicia que proclamamos, ni siquiera a una graciosa donación de algunos mecenas populistas. El pueblo americano requiere que al fin, los esfuerzos de un presidente por muy "demócrata" que sea (ya saben lo que piensan en España de los demócratas yanquis, los llaman de izquierdas, como a Clinton, su esposa y su nivel de vida incluidos), se traduzca una ley por la que todos tendrán derecho a una asistencia parecida a la que se genera en nuestro país, aunque su coste inicial se eleve hasta el billón de dólares. Cualquier valoración crematística no será sino una falsa y torpe excusa de un liberalismo trasnochado. Por eso nos interesa, o me interesa, definir claramente nuestra posición no vaya a ser que por simpatía, alguien pretenda justificar el poner palos en las ruedas. Sería una conquista, será una victoria de todos los que pensamos que la sociedad está para servir a los hombres y mujeres, claro, y nunca el servirse de ellos. Personalmente estaré pendiente del más pequeño avance en esta dirección que, por otra parte, considero irrenunciable. Y brindar por ello, porque después de todo se habrá ganado una batalla más contra la ignominia. Que así sea.


