Como nace un paradigma.
Un grupo de científicos encerró cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un racimo de plátanos.
Cuando un mono subía la escalera para coger los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros le agredían.
Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.
Entonces, sustituyeron uno de los monos. Lo primero que hizo fue intentar subir la escalera, lo que le costó una tremenda paliza por parte de los veteranos.

Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no intentó subir más la escalera, aunque nunca supo el porqué de tal vapuleo.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fueron sustituidos.
Quedó, entonces, un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca habían recibido una ducha fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a los plátanos.
Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué pegaban a quien intentaba subir la escalera, con toda certeza la respuesta sería:
"No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así."
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¡¿Te suena este "razonamiento"?!
No pierdas la oportunidad de pasar esta historia a tus camaradas, para que, de una o de otra forma, se pregunten por qué seguimos "golpeando" al que intenta salirse del redil siendo innovador, y por qué estamos haciendo las cosas de una manera, si tal vez las podríamos hacer de otra.



Ruperto dijo
Esta fábula-metáfora no acaba así. Una noche cerrada el mono Florentino Rodríguez, mientras el resto de sus compañeros simios dormían, con sigilo se encaramó a la escalera. Sin hacer el más mínimo ruido se zampó los plátanos, bajó, se tumbó y, tras echarse un par de pedos, se quedó dormido profundamente. A la mañana siguiente, todos los monos, al darse cuenta de que alguien se había tapiñao todos los plátanos se pusieron muy tristes. Florentino Rodríguez también tenía el semblante ensombrecido, adusto, con cara de pocos amigos... pero su estómogo hacía ruido de música dodecafónica y su corazón reventaba de felicidad...
Laus Deo.
5 Junio 2009 | 09:44 AM