"El MAJESTIC"
Por Eduardo López Pascual
El domingo día 22 y en la televisión; tuve la oportunidad<de reconciliarme con el cine, ese séptimo arte tan desvalorizado en nuestras pantallas a causa de las malas películas, de los monocordes films con que se empeña en aburrirnos la industria nacional. Se trataba de una película valiente - aunque tardía porque fue hecha a toro pasado-, sobre la famosa persecución a los filocomunistas norteamericanos, la conocida " caza de brujas", que desató en la década de los cuarenta el temible senador Macarty. A mi, que me gusta el compromiso humano ante las injusticias, me pareció una película digna de todo mérito. Ahí es nada, la denuncia audaz de un guionista de Holyvood, que tuvo que huir de las garras alargadas del FBI de la época, acusado de ser comunista.
Perdido en una amnesía accidental el protagonista vive una segunda y feliz oportunidad en un pueblo a muchas millas de distancia, y cuando su nueva vida se alumbra en pueblo y una familia que lo acoge como un antiguo vecino desaparecido, demostrando una sincera generosidad a la comunidad que lo reintegra- explicitado en su denodada misión de reconstruir el viejo cine local, El Majestic, arruinado por los años de desuso-, aparecen los fantasmas del pasado con cara de policias exigiendo su vuelta a Hollyvood, de donde huyó por sus antecedentes marxistas, que sólo lo fueron en razón de impresionar a la chica de su amor. El espectáculo del pueblo, ahora dándole la espalda por su antigua condición, que no lo fue nunca de manera veraz, las presiones del Comité de Actividades Antiamericanas, en Los Ángeles, acosándole para que abjurara de sus convicciones y denunciara a posibles compañeros, hace que el protagonista realize uno de los mejores alegatos en su defensa claro, pero sobre todo de la Constitución Americana que, en su primera enmienda, establece la completa libertad de pensamientos, de reunión y expresión, que serían por su naturaleza irreversibles e intocables.
En los EE.UU nadie podría ser perseguido en atención a esta enmienda, la primera, que establecía esa absoluta libertad individual. Nadie por encima de la persona. Cómo era lógico Peter Appleton venció a la máquina parlamentaria yanqui, dando de paso, un buen varapalo a los exgetas oficiales.Y bién, recordando la película, tiemblo de pena cuando algunos, por ejemplo los falangistas, sufrimos otra "caza de brujas", quizás más horrible por cuanto se basa en una persecución más sutil, y más perversa, ya que con la excusa de borrar no sé que historia, los obligan a la miseria ideológica, al silencio, a la marginación, con acusaciones todavía peores que la que sufrieron los compañeros de viaje de los comunistas americanos. Hoy, los falangistas no van a la cárcel por chiripa, no por falta de ganas en demasiada gente, pero en tanto, derriban insignias, recuerdos, historia, libros, o nos prohiben pensar, y es más, tratan de llevarnos a la pura desaparición política. Algo que, como demostró un tal Peter Appletón, en una película admirable, no podrán conseguirlo simplemente porque por encima de la odiosa voluntad de algunos, persisten en los falangistas, la convicción de pretender una sociedad más libre, mejor y más justa. Y a eso nos remitimos. ¿Habrá algún día una película sobre esta otra persecución?




