La Coctelera

GALLOS DE MARZO

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27 Octubre 2008

PERSONALISMO CRISTIANO


¿Necesitan la Falange y el Nacional-sindicalismo de auxiliares pseudo-filosóficos? ¿Deben hallar un fundamento teórico más allá de la reflexión –a un tiempo cristiana y agnóstica- de sus fundadores? ¿Tendría que apoyarse en corrientes de opinión secundarias pero aceptadas por el sistema de ideas imperante para ganar respetabilidad?

Es lo que parecen pretender algunos camaradas “seducidos” por la moda “personalista-cristiana”. No obstante, este nuevo tópico empieza a cansar de tan repetido. Quizás no esté de más proponer una caracterización crítica de este nuevo “Santo Grial” para despistados. Una crítica propuesta no por un autor neo-pagano, precisamente, ni publicada en una revista sospechosa de proximidad a la “Nueva Derecha”.

Y de cobijarse el falangismo bajo el ala protectora de Mounier, López Quintás,o Jordi Pujol, personalistas cristiamos los tres, ¿cuál sería la postura de Gallos de Marzo?

Pues la de siempre: ¡Más Ramiro y menos cuentos chinos!

Revista Arbil nº 61

Anotaciones críticas sobre el personalismo.

José J. Escandell. Instituto de Humanidad Angel Ayala - CEU. Madrid

Debo comenzar este trabajo curándome en salud y, como me voy a centrar en los aspectos negativos del personalismo, dejaré ya ahora constancia de que el personalismo tiene también sus aciertos. Pero con la misma claridad con que afirmo esto, y sin ningún rodeo, pasaré a enunciar esas limitaciones, en la medida en que ello es factible en un trabajo breve como debe serlo éste. También creo necesario dejar dicho al principio que mis observaciones al personalismo serán generales y, si se me permite la expresión, poco personales. No es ahora el momento de pormenorizar, sino simplemente el de dejar situadas las grandes cuestiones críticas en sus rasgos básicos. Pasemos al asunto.

Ha de consignarse en primer lugar un problema de menor cuantía, que es el de la determinación de lo que se deba entender por «personalismo». En rigor y puridad, todo el mundo sabe que el personalismo es una corriente moderna de pensamiento que, habiendo nacido con E. Mounier, tuvo una cierta continuación en las obras de Nédoncelle y otros. Pero es frecuente que «personalismo» se tome en un más amplio sentido y ya no es posible tener una nómina uniforme de autores a los que les cuadre esa denominación. En este caso, de ser una corriente de pensamiento determinada pasa a ser una mentalidad y un espíritu difuso, de modo que llegan a ser mencionados como personalistas personajes variadísimos en calidad y en inspiración y no es fácil saber qué es lo que los une. Junto a Mounier y Nédoncelle son clasificados como personalistas en este sentido amplio Maritain, Buber, Wojtyla, Scheler, López Quintás, Marías, C. Díaz, Spaemann y muchos más. Naturalmente, hay quienes arrastrados por el entusiasmo meten también en este saco a Platón, a San Agustín, a Santo Tomás o a Kant. La pregunta por el factor común que los reúne a todos acaba encontrando por respuesta que, salvo los grandes genocidas o comeniños, todos los demás, filántropos y humanistas, son personalistas.

Así, pues, al problema de la vaguedad con que se circunscribe el personalismo sigue, como más fundamental y decisivo, el de su caracterización. Porque la cosa no se puede dar por seria y satisfactoriamente solventada con decir que el personalismo consiste en el gusto por reflexionar acerca de la persona y en el afán por subrayar su alto valor o dignidad: este es el personalismo en el sentido vago y amplio al que me he referido. Veamos por qué esto es así.

La predilección por un tema no es suficiente para justificar la existencia de una escuela de pensamiento. Pues la misma razón obligaría a decir que la física cuántica es una escuela, o que lo es la teoría acerca de la música árabe. Una teoría o un estudio no es una escuela o una corriente de pensamiento. Y esto es tan obvio como fastidioso el emplear tiempo en escribirlo.

Cosa distinta es pretender que la «teoría de la persona» sea el colmo y el centro de la filosofía o, en general, del pensamiento. Sencillamente hay que decir que eso no es verdad. El centro de la especulación lo es el ser en cuanto tal, y no la persona. Las personas son sólo una clase de seres, por mucho que, sin duda de ningún género, pue-dan ser la clase superior de los seres. Si no todo ser es persona, entonces ha de reconocerse que el ser es más fundamental que la personalidad (o que el ser persona); pues, en efecto, para ser persona, primero hay que ser. Luego, patentemente, el ser es más importante que el ser persona, ya que ésta, sin él, no sería nada.

Cosa distinta es lo que se pueda decir acerca de nuestro conocimiento y trato con Dios. Algunos personalistas católicos abusan del pensamiento y de la fe que profesan al proponer unas indebidas interferencias entre la filosofía y la teología. Así sucede, por ejemplo, cuando se ha llegado a afirmar que Dios, dado que tiene que ser persona, tiene también que ser trino, puesto que -según se argumenta- si no fuera así, si sólo fuera «uno», estaría sólo y aislado. Llegados a este punto el personalismo parece perder el norte.

Con abusiva reducción, provocada quizá por el apresuramiento, los personalistas con frecuencia utilizan «persona» en el sentido de «persona humana», pero no lo dicen. Dejan así en la sombra a las personas que no son humanas, como es el caso de los ángeles (o inteligencias separadas, cuya existencia nos es certificada por la fe) y el caso de Dios (cuya trinidad de personas también nos consta por la revelación, aunque con nuestras solas fuerzas intelectuales podamos conocer con certeza su condición personal). Este hecho, que en primera instancia es una simple imprecisión, termina fácilmente por constituir un abuso. Y lo es cuando, sobre todo, con «persona» se sustituye siempre a la palabra «hombre». A algunos personalistas parece no gustarles que a los hombres se les llame «hombres», sino que en todos los casos, en vez de «hombre», prefieren que se diga «persona». ¿Por qué?

El esquema lógico que parece emplearse es el siguiente: se llama «persona» a lo que destaca por encima de todas las cosas del mundo; es así que el hombre destaca por encima de todas las cosas del mundo por… (las razones que sean); luego el hombre propiamente debe ser llamado «persona». - Y es verdad, sin ningún género de duda, la supremacía del hombre en el reino de lo material, pero no hay que exagerar. Al fin y al cabo, la supremacía del hombre entre los demás seres materiales, ¿no se debe al hecho de ser hombre? ¿O es el hombre superior a todo lo material «a pesar» y al margen de ser hombre?

Para algunos personalistas, decir del hombre que es hombre es decir poco. Hay que llamarle «persona», insisten. Y ello, porque con «hombre» se significa, según es usual hacerlo, una naturaleza específica; esto no parece aceptable para esos personalistas. En este sentido, suelen rechazar la idea clásica del hombre como «animal racional», en lo cual ceden a las sugestiones y críticas de las filosofías que reducen la naturaleza humana, en cuanto tal, a algo común con los animales.

Frente a esta claudicación personalista, debe reivindicarse la naturaleza humana en sus justos términos. Y debe reivindicarse con toda la fuerza la genial idea del hombre como «animal racional», como una racionalidad acomodada a una forma sensorial de vida. Los personalistas no suelen aceptar que la racionalidad incluya el espíritu y las tendencias a la vida social y los afectos, sino que conceden a ciertas corrientes modernas de pensamiento que la racionalidad es fría, abstracta, inhumana e… impersonal. Nunca la han concebido así ni Aristóteles ni Santo Tomás y no es necesario disentir de ellos.

Al final, ser persona viene a consistir, para algunos personalistas, en ser «algo más» que simple hombre. Pero, ¿cómo es ello posible? Al fin y al cabo, todas nuestras características -sean animales o no, sean espirituales o no- dependen, de una u otra forma, de lo que nosotros somos; y lo que nosotros somos es exactamente lo que llamamos «naturaleza humana». ¿Qué se nos podría añadir de modo que ese algo nuevo no formara parte de lo que nosotros somos? La cosa es, francamente, descabellada. - Esta pretensión de un «algo más», por otra parte, deja abierta la puerta a que se puedan distinguir hombres-personas y hombres-no-personas: por ejemplo, ¿por qué no los fetos humanos, o los enfermos graves, o los ancianos…? La cuestión es delicada, como es claro.

En la filosofía tomista, ser persona es distinto de ser hombre. Esto es obvio si se tiene en cuenta que hay personas no humanas, como antes he recordado. Para ser persona hay que ser un individuo completo dotado de racionalidad (y por eso, por ejemplo, el alma separada de los difuntos no es persona: porque es un individuo incompleto). Ahora bien, para numerosos personalistas, ser persona no es ser un individuo racional, sino tener aquello que marca al hombre como un ser que está más allá del mundo físico, por encima del mundo que le rodea. Para unos autores, lo distintivo de la persona es la libertad; para otros, es la necesidad de relaciones con otras personas; para otros, la capacidad simbólica, o la sociabilidad, etc. ahora bien, como esos personalistas no quieren saber nada de naturaleza, sustancia, racionalidad, definiciones y conceptos semejantes, sus observaciones, a veces muy agudas, dejan la imagen del hombre convertida en un puzzle sin orden ni apoyo.

Numerosos personalistas manifiestan, desgraciadamente, una gran ignorancia de los conceptos clásicos, y las críticas que les enfrentan son con frecuencia pueriles y, muchas veces, simplemente desdeñosas. En el mejor de los casos hacen declaración solemne de reverencia hacia Aristóteles o Santo Tomás; pero tras la reverencia vuelven la espalda como quien ha cumplido un rito quizá incómodo y ya vacío de sentido. Sus tesis y análisis, como es lógico, no suelen ser conciliables con las tesis y análisis de los respetados maestros.

Los argumentos, por ejemplo, de algunos personalistas contra una definición, o cuasi definición, de la persona, son tan caprichosos como retóricos. Para muchos personalistas, pedir una definición de la persona es pedir un imposible. La persona -dicen rotundamente- no se define y no puede ser definida. Todo lo resuelven diciendo que la persona es un «quién» y no un «qué» y que las definiciones son la respuesta a la pregunta por el «qué» de una cosa. Debe reconocerse que la distinción de marras entre «qué» y «quién» suena seductoramente, pero aunque lamento estropear una expresión con esta ingeniosa fuerza retórica, es necesario decir que nada puede ser un «quién» sin que sea un «qué». No hay «quién» sin «qué». ¿O ni tan siquiera hay un «qué» del ser un «quién»? Las palabras son frágiles. Al fin y al cabo, sin tener el «qué» de hombre, nadie ni nada puede ser un «quién» humano (ni sin tener el «qué» de Dios puede Dios ser un «quién» divino, o tres divinos «quiénes»).

El hecho de que los personalistas frecuentemente apelen a los sentimientos y a la afectividad frente a la racionalidad tiene su coherente prolongación en que los escritos personalistas acaben siendo más propuestas morales y programas sociales que análisis teóricos. Se diría que los personalistas tienen un cierto déficit especulativo y de fundamentación. Algunos rechazan la metafísica y no quieren saber nada (de hecho, algunos no saben absolutamente nada) de lógica ni de filosofía de la naturaleza. Se encuentran a su sabor hablando de lo que el hombre (perdón: la persona) debe hacer, sin haber determinado suficientemente qué es esa persona. Con esta actitud, los personalistas acaban siendo más bien predicadores, o agitadores sociales, o altos dirigentes de la historia, que pensadores.

El personalismo no constituye, por todo ello, una verdadera nueva vía para el pensamiento. Su pretendida originalidad lo es al precio de malbaratar, por prurito de eficacia y de modernidad, el sólido y riguroso pensamiento que nos ha precedido (incluido el moderno).

El ser humano tiene una dignidad según la cual es más valioso que cualquier otra realidad física. Pero el ser humano, la persona humana, no es dueño absoluto ni del mundo ni de sí mismo. El hombre no es un ser autónomo que pueda hacer con su vida, y con el mundo, lo que le venga en gana. Cada hombre es sólo administrador del mundo, pastor y cuidador de la realidad infrahumana; y tampoco puede disponer de sí mismo en un sentido absoluto y total. Sin reducirse a ser un ser para la muerte, ni un ser destinado a disolverse en la sociedad o en la historia, tampoco el hombre es más que una criatura, cuya plena realización no se encuentra sino en Dios, que es -Él sí- el Señor de la historia. En este sentido, el personalismo olvida que el hombre también es medio y no sólo y únicamente fin: medio de Dios para la realización de «su» historia.

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Ramiro

Ramiro dijo

Personalistas como E. Mournier o Nicolas Bediaeff (de este último recomiendo "El cristianismo y la lucha de clases" en el que se pueden encontrar proposiciones enteramente joseantonianas algunos años más terde de la muerte del fundador de la Falange), están enteramente en una linea nacionalsindicalistas y entroncan a su vez con Ramiro y José Antonio. Son personalistas antiburgueses, que nunca pudieron casar bien con experimientos centristas o democratacristianos, reflejan (sobre todo Mounier) en sus escritos una raiz existencialista, y además reivindican (también sobre todo Mounier) la razón de Nieztche. Pensadores como Mounier son una sistematizacion filosófica perfecta de un nacionalsindicalismo centrado en la persona humana, y no inmerso en aventuras fascistas o nacioanalistas.

27 Octubre 2008 | 10:18 PM

SantiagoLC

SantiagoLC dijo

Brevemente para no entrar en largas y eternas discusiones.

" Camaradas seducidos por la moda personalista cristiana " dice la preeditorial del artículo del DERECHISTA Escandell.

El editorial del miembro de AES crítica el uso y abuso que del término personalista hacen muchos y al que se adscriben planteamientos de diverso pelaje. Crítica la interpretación que algunos hacen del término. Pero la preeditorial del artículo lo desvía a la seducción por parte de camaradas del "personalismo cristiano"

Para no ser prolijo. Entre individuo y persona la diferencia ya la describió Jose Antonio en su crítica al nacionalismo en su único artículo en JONS en Abril del 34. Pero no fue el único, recuerdo a Adsuara en la Tribuna Jose Antonio de los primeros 80 y sus repetitivos artículos en El Alcazar de entonces y más reciente a Gustavo Morales explicando las diferencias entre Ramiro y Jose Antonio. O el propio Imatz o el nada sospechoso de Carlos Galán en ponencia en la Plataforma 2003 e su año fundacional del 2003. Y tantos y tantos.

Parece que están todos equivocados, Jose Antonio, Adsuara, Imatz, Morales y Galán, abducidos y seducidos por una interpretación clerical,decimonónica y poco acorde con la Falange que requieren los edificantes nuevos tiempos.

Estoy muy de acuerdo con el comentario anterior de Ramiro

28 Octubre 2008 | 03:26 AM

Juan Ramón.

Juan Ramón. dijo

Desde mi punto de vista, las simpatías del Nacionalsindicalismo hacia el Personalismo Cristiano (PX, en adelante) son inevitables, por más que no resulten recíprocas. Hay muchos aspectos instrumentales de los pensadores autodefinidos como personalistas que merecen interés. Pero considero abusiva la identificación entre ambas familias de pensamiento, por más que sea defendida por ilustres camaradas como los que se citan.
La cuestión se torna problemática en el ámbito de la fundamentación, de lo profundo. Porque la categoría de “persona” es de origen teológico y, en ese sentido, sólo resulta vinculante para quienes conceden a la Teología la posesión de un saber universal válido sobre la realidad social. Se trata de un planteamiento falaz donde lo particular (la visión teológica parcial de la realidad social) se toma por lo general (la validez universal y onmicomprensiva de ese pretendido saber).
No se trata de una cuestión menor. En realidad, la categoría de “persona” resulta superflua y tautológica. Todo lo que se quiere expresar con ella ya cabía en el concepto de “hombre”. El PX parcela ese conocimiento universal y se queda con la parte que más le conviene, aquella que puede ser objeto de recepción de sus planteamientos morales, escatológicos, y metafísicos en suma. La sustitución supone en realidad la incapacidad para aceptar que “hombre” sea un concepto muy anterior al Cristianismo, y “Humanismo” una corriente de ideas que se ha desarrollado primero en contra del teocentrismo judeo-cristiano medieval y luego como fundamento de la secularización. La centralidad del concepto de “persona” no resulta sino una estrategia teológica para deslizar su “conocimiento” en el dominio de lo secular.
Optar por “hombre” en lugar de por “persona” implica trabajar con el término más general. Y debería ser una preocupación constante de los falangistas abrir su discurso todo lo posible para alcanzar a un creciente sector de la población, expandiendo las fronteras hasta donde sea posible.
Curiosamente, y a diferencia de la mayoría de los falangistas, la evolución del PX ya ha caído en la cuenta de esta misma necesidad y se presenta a sí mismo como una corriente cada vez menos cristiana, menos teológica, en el sentido de abierta a la participación de otras formas de espiritualidad. Esta evolución yo creo que acabará con la tentación teológica y con el psudodualismo "hombre-persona", para volver a dejar las cosas en su sitio.

28 Octubre 2008 | 11:02 AM

SantiagoLC

SantiagoLC dijo

Ni todo personalismo es nacionalsindicalismo, ni el nacionalsindicalismo abraza en exclusiva solo las aportaciones del personalismo, Por tanto siendo coincidentes en la concepción del hombre ni son sinónimos ni similares ni semejantes. Personalistas ha habido muchos y de muy dispares evoluciones.

El concepto de persona no es teologico sino juridico. El personalismo es un planteamiento que conceptúa a la persona como eje del sistema, que la entiende como un ser autónomo y a la vez comunitario. Asimilar persona a personalismo es como hacerlo de lo social al socialismo. No tiene nada que ver. Nuestro concepto del hombre entendido como persona social y eje desl sistema politico y económico es coincidente con los personalistas. La solución sindicalista es nuestra y sin embargo no la aporta el personalismo. No confundamos las cosas.

No estoy de acuerdo en el aserto de que debamos de cambiar el "cliché" de persona por hombre o el de ser "menos crisitianos"para abrirnos a la generalidad o al discurso de todos. Una cosa es abrinos a todas las pesonas sin exclusión y otra a todas las ideas que los mismos posean. El caracter ecumenico en nosotros lo veo hacia las personas no hacia las ideas.

Jose Antonio no apareció para templar gaitas, creyó en cosas. Opto por unas ideas frente a otras y no para mezclarlas

Un saludo, Juan Ramón

28 Octubre 2008 | 05:43 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Estimulantes, como siempre, tus comentarios.

Primer bloque:

1. El concepto de persona en realidad es de origen escénico: la máscara que se ponían los actores griegos para las representaciones.
2. El PX no hace referencia a la persona jurídica, sino a la teológica. La "invención" cristiana del término se origina para resolver las relaciones en el seno de la Santísima Trinidad: tres personas y un solo Dios.
3. Las relaciones entre esas tres personas se basan en: compartición de esencia espiritual o divina y diálogo interpersonal. Es es sobre esas mismas características que el PX forja su visión de persona.
4. Si fijas el origen del concepto persona en el derecho, entonces corres dos riesgos. El primero, volver a reducir el amplísimo alcance de "hombre" al de simple "sujeto de derechos y obligaciones". Pero estoy seguro que no es esa tu intención. El segundo, que privas al Cristianismo de algo de lo que se siente muy orgulloso: de haber inventado el concepto de persona que, en el caso del origen jurísico, corresponderia al derecho romano.

Segundo bloque:

1. Insisto en que no me plantea ninguna dificultad reconocer los aspectos positivos del PX. En la batalla final estoy seguro de que compartiremos trinchera y pozo de tirador.
2. Precisamente, mi preocupación estaba en esos camaradas que no distinguen bien, o no lo hacen en absoluto, entre Falange y PX. Ese error es el que motivó la publicación de este hilo. Veo que tú también lo has advertido por lo que podemos considerarnos en aceptable acuerdo en este particular.

Tercer bloque:

1. El verdadero problema intelectual y filosófico que los falangistas tenemos hoy es definir exactamente el concepto joseantoniano de "valores eternos" y de "categorías permanentes de verdad". Por supuesto, podemos mantenernos ajenos y de espaldas a todo lo que ha ocurrido en nuestro entorno cultural desde el fusilamiento de Alicante, pero yo personalmente lo considero una deserción y una cobardía. Resulta cómodo refugiarse tras las grandes palabras, pero esa no debe ser la vocación de un Falangista.
2. El concepto "hombre" es más amplio y universal que el de "persona". Es por tanto más universal y "permanente".
3. El concepto "espiritualidad" es más amplio que el de "religión". Es por tanto más universal y "permanente".
3. Por si fuera poco, ambos son más abiertos, por lo que permiten una mayor proyección sobre las realidades cambiantes del momento y abren la posibilidad de una mayor aceptación por la gente común.
4. La gente común, no hace falta que te lo recuerde, es la destinataria final de nuestros esfuerzos. Hay quien se contenta contemplando cuanto ocurre desde una torre de marfil, haciendo proyectos sectarios y descabellados que nunca volverán a llevarse a la práctica. Pero yo, humildemente, afirmo que esa no es la vocación de la Falange.

En conclusión:

De una vez por todas deberíamos sentarnos a establecer rigurosamente qué es esencial y qué es accesorio en nuestros discurso sobre la realidad. Santiago: tú ya tienes un asiento reservado.

Un fuerte abrazo.

29 Octubre 2008 | 10:50 AM

José María Rodero de la Obra

José María Rodero de la Obra dijo

Hola a todos. Soy católico, apostólico y romano, como José Antonio, como Ramiro (en su nacimiento y su muerte), como Onésimo Redondo, como Pemán, como, siguiendo en la línea, Felipe II, Carlos I y los Reyes Católicos, por poner un ejemplo. Dejemos una cosa sentada, la política es independiente, como lo es la filosofía, de la Religión; pero para un católico que conoce la verdad por la Revelación de Dios y la custodia y enseñanza de la Iglesia, esa legíitma independencia es autonomía subordinada, es decir, si nuestros postulados llegan a premisas incompatibles con la fe, se destierran aquellos para mantener ésta.

La política no tiene dogmas, la fe sí. Sentado esto, decir que el personalismo es una visión filosófica y no teológica. La política, cualquiera, no se apoya en la filosofía, es un arte que subsiste por sí mismo. Es una virtud intelectual del espíritu práctico (obrar y hacer) que se apoya en su propio método, utilizando los instrumentos de las ciencias como la experiencia y la razón. Al igual que no le corresponde a la ciencia experimental o abstracta decidir si existe Dios o el alma es inmortal, por ser esos campos específicos de la metafísica, al igual la política católica no tiene más apoyo superior que lo teológico. Ramiro no era filósofo, era político. Ortega no era político, era filósofo. Si queremos conjuntar ambos en un mismo espectro especulativo nos equivocamos de cabo a rabo.

Reducir la política católica al personalismo llamado cristiano como única vía de permanencia en la ortodoxia es una trampa para incautos. Es más, el personalismo llamado cristiano es una herejía (negación, de hecho, del pecado original), pues, asume como propios los postulados de Rousseau. Hay una filosofía cristiana y hay una política cristiana, tanto la una como la otra sólo están delimitadas (aparte de por seguir sus propio objeto final, formal y material), como he dicho antes, por la teología, aunque para descubrir esto hoy en día hay que hacer auténticos esfuerzos de abstracción, sobretodo cuando la propia teología es negada por los que se dicen teólogos y parece que todo vale.

En fin, hagamos política y dejemos la filosofía para otros.
¡Arriba España!

29 Octubre 2008 | 03:32 PM

Juan Ramón.

Juan Ramón. dijo

Estimado José María: ante todo, bienvenido a este lugar de debate y diálogo.
Me resulta bastante chocante tu propuesta: “hagamos política y dejemos la filosofía para otros”. Eso sí, no sin antes subordinar la política a la teología, según tus propias palabras.
La política no se puede separar de la filosofía, pues la política según nosotros la entendemos no es un producto espontáneo sino la plasmación práctica de una profunda visión del mundo, que podemos denominar valores o ideales. Y ese universo axiológico es el dominio natural de la reflexión filosófica.
Tal es así que, en contra de lo que tú estimas, tanto Ramiro como José Antonio eran filósofos: el primero lo era en grado profesional (es lo que estudió y a lo que se dedicaba cuando las circunstancias se lo permitían y para comprobarlo sólo se requiere acudir a su bio-bibliografía), mientras el segundo lo era en calidad de vocación frustrada.
La política, incluso esa cosa tan anodina como es el liberalismo, tiene sus dogmas. Los de la Falange, sin ir más lejos, son: Dignidad Humana, Justicia Social y Patria. Fuera de ese trilema no es posible hablar con propiedad de Nacional-sindicalismo.
Desconocía, eso sí, que el PX fuese una herejía, sobre todo a raíz de que el anterior Papa fuera considerado como un personalista cristiano. Pero en esta cuestión, José María, no tengo interés en entrar.
En fin, es claro que compartes la doble condición de católico y de político (o interesado por la política). Pero de tu exposición se desprende un problema que en el que te hago reparar. Esa subordinación de la política a la teología hace, a priori, que sus contenidos sólo sean válidos para los católicos. Y eso es mucho decir, ya que muchos autoproclamados católicos abominan con su comportamiento y con sus ideas de las enseñanzas de la Iglesia y la teología. El Nacional-sindicalismo no comparte esa vocación de parcialidad, de guetto o torre de marfil, y está obligado a encontrar la forma de lograr para sí el apoyo del mayor número posible de compatriotas si de verdad lo que persigue es hacer una Revolución y hacerla duradera en el tiempo. Con unos límites, naturalmente, que son los contenidos en el trilema dogmático al que acabo de referirme.
Nuestra propuesta no va dirigida exclusivamente a los católicos, sino al conjunto del pueblo español. Por eso, desde mi punto de vista, no podemos (algunos ni siquiera queremos) subordinar el discurso a la teología. La tarea es infinitamente más compleja y sólo podrá abordarse, en lo teórico, con enormes dosis de filosofía.

29 Octubre 2008 | 04:59 PM

José María Rodero de la Obra

José María Rodero de la Obra dijo

Gracias por la bienvenida Juan Ramón. La verdad es válida para todos, no sólo para los católicos; lo contrario sería que habría múltiples verdades, una verdad católica, una verdad agnóstica, y esto no es posible, pues, la verdad es una. El prejuicio del católico es el conocimiento de la verdad, no por hábito o inteligencia, sino por Revelación, y aún siendo deshonesto no puede traspasar el límite de lo teológico. En cambio el agnóstico, por ejemplo, busca la verdad, pero no tiene más límite que su honestidad, y el de sus luces, así puede declarar verdadero lo falso sólo por vanidad. El gran exponente de honestidad agnóstica por antomasia fue Unamuno. Si la verdad es un gueto, bendito gueto. Como dijera León XIII: "Por ello, quienes unen el amor a la filosofía con la sumisión a la fe cristiana, son los mejores filósofos; porque el esplendor de las divinas verdades, al penetrar en el alma, auxilia a la misma inteligencia, a la cual no quita su dignidad, sino que le añade muchísima nobleza, agudeza y firmeza" (Aeterni Patris).

El único límite para un político católico es el dogma de la Religión que profesa, lo que usted llama dogmas políticos no son otra cosa más que compromisos de acción, que indudablemente son causa formal de la política que definen, pero no el principio rector o causa primera de esa política.

Cuando, Juan Ramón, dices que tu (no comparto el nuestra, a no ser que sea en mayestático) propuesta va dirigida al conjunto español introduces un término falso en el silogismo, esto es que una política católica va dirigida sólo a los católicos. La política católica tiene un, digamos, expectro mucho más amplio que el pueblo español, va dirigida a todo el orbe, es lo universal, por lo tanto es mucho más amplia de lo que supones, tan amplia que dio cabida a un movimiento como FE de las JONS. A ver si ahora el nacional-sindicalismo, que es una forma tan legítima como otras de ordenar la sociedad, tiene un alcance más amplio que la doctrina católica.

Para comprender esto en su extensión, basta analizar los papas contemporáneos de José Antonio: San Pío X, Benedicto XV y Pío XI. Seguro que podía y quería subordinar su discurso a lo teológico. Ramiro es otra cosa. Es un joven en lucha entre la razón y la fe, pero al contrario de Unamuno, su final fue la conversión aunque padeciera mayor angustia en esa lucha. Basta leer su comentario a la Filosofía de la Eucaristía de Juan Vázquez de Mella y su atracción por Loisy. Pero bueno, eso es anecdótico.

El papa Juan Pablo II era personalista en sentido lato, en términos filosóficos se sentía atraído por la fenomenología, en cualquier caso sus gustos o preferencias no son dogmas ni Magisterio, y su sentido de místico estaba por encima de esas filosofías. Entiendo, desde tu agnosticismo, tus prejuicios hacia lo católico y hacia el comportamiento de muchos católicos, pero no lo puedo admitir como razonamiento válido para entender una Falange desentendida de lo teológico, ni desde lo histórico, ni desde lo racional. Además que con la exposición anterior queda claro que la subordinación al orden teológico para nada implica clericalismo, todo lo contrario.

AE

29 Octubre 2008 | 06:11 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Por razones de economía de tiempo y especio te respondo esquemáticamente (que si no Santiago LC me riñe luego y con razón).
1. La única disciplina que puede arrogarse un conocimiento terminado de la verdad es ciertamente la teología. Las demás, con inclusión de la ciencia y de la metafísica, sólo pueden aspirar a aproximarse a ella. Pero esa afirmación de la teología es en realidad un límte: no puede trascender los límites de su estricta competencia: el estudio hermenéutico de un texto, que es la Biblia. Al filósofo, la realidad le resulta mucho más extensa.
2. En mi exosición, "dogma" se utiliza en el sentido propuesto por Séneca o Cicerón (las creencias fundamentales de un sistema o escuela filosófica), sentido que heredó la Iglesia.
3. La propuesta nacional-sindicalista que yo defiendo tiene, en efecto, un alcance más amplio que la propuesta católica. Por la sencilla razón de que sus dogmas son más simples y universales. Para empezar a ser falangista se necesita tan sólo creer que el hombre tiene una dimensión espiritual (integridad), de la que procede su dignidad y libertad, sin entrar en el fundamento individual en el que cada uno quiera hacer reposar esa creencia (catolicismo, hinduísmo, masonismo o lo que sea) (Para ampliar esta cuestión te remito al texto "Por qué somos humanistas, publicado en este mismo blog). El catolicismo es infinitamente más restrictivo: creer en la existencia de Dios, creer que Dios se ha revelado al hombre, creer que la transmisión de la Revelación en los textos es correcta, creer que los hombres han comprendido la Revelación, creer que los intérpretes de la Revelación están en lo cierto. Son demasiados requisitos y, en cada uno de ellos, el círculo de creyentes se reduce.
4. El único Ramiro que me interesa es el que dio a luz el nacional-sindicalismo. De ser verdad que al final de su vida se convirtió, no tiene consecuencias para el desarrollo de su ensamiento. Lo mismo cabe decir,por ejemplo, respecto al gran Ernst Junger.
5. El catolicismo de José Antonio está fuera de cualquier duda. Por más que hoy vayamos conociendo que se comportó como un gran pecador.
6. Al referirme al cmportamiento de muchos creyentes quería significar el hecho de que la fe que profesan parece tener poca importancia en la conducción de sus vidas y eso me resulta incoherente e hipócrita. Es cierto que detesto la historia de la Iglesia, pero hago esfuerzos sobrehumanos por mostrarle respecto más en atención a sus fieles que a ella misma. Por lo demás, no soy agnóstico, que me parece una tibieza del alma, sino un creyente declarado y militante en lo espiritual, aunque mi dios no tenga nombre ni rostro.
6. Para terminar, hablas de la teología como si fuera una, como si mostrara un conjunto ordenado de principios y un desarrollo lineal y continuo cuando, en realidad, desde la teología se ha dicho cualquier cosa... y su contraria. Tdavía recuerdo un duro enfrentamiento que mantuve con un católico radical que me mentaba a San Agustín, Padre de la Iglesia, para justificar la esclavitud. Lo malo es que luego acudí a los textos y, para mi asombro, era verdad.
Un saludo.

29 Octubre 2008 | 09:59 PM

Iker

Iker dijo

¡Más Ramiro y menos cuentos chinos!
29 de octubre de 1936 - 29 de octubre de 2008. Hoy, 75º aniversario del Discurso del Teatro de la Comedia, lo es también del asesinato de Ramiro Ledesma Ramos. No hay que olvidarse de él ni de la vigencia de sus escritos. Para él va mi recuerdo.
Ramiro Ledesma, ¡presente!

29 Octubre 2008 | 11:54 PM

José María Rodero de la Obra

José María Rodero de la Obra dijo

Juan Ramón, gracias por tus respuestas, y por economizar tiempo y espacio. Te respondo:

1.- Bien, aunque el teólogo no sólo estudia un texto, sino la Tradición, concepto este que supera el límite que le autoimpones. Los dogmas católicos, axiomas teológicos, no están en la Biblia, sino en lo que se llama depósito de la fe.

2.- Vale, partamos que si no son necesarias definiciones de los téminos es porque, siguiendo a Aristóteles, ambos los utilizamos en el sentido que hoy se les da, no en su componente etimológica o histórica, que si bien pueden coincidir lo normal, y hoy en día con la mitificación del lenguaje menos, con su sentido actual.

3.- ¿Más simples? ¿Tan sólo creer que el hombre tiene alma? ¿dignidad y libertad? Conceptos retóricos sin sustento, esa credulidad no es racional. Para empezar, desde la metafísica se prueba racionalmente la existencia de Dios (las cinco vías de santo Tomás), le doy por conocedor de todo esto por eso sólo enumero y no me extiendo. Una vez probado, de manera racional, la existencia de Dios, se colige necesariamente la necesidad de una Revelación y de ésta una Religión verdadera, que procede directamente de Dios, y otras religiones falsas que proceden bien de la teología natural (hinduísmo), bien de la herejía católica (judaísmo talmúdico, islamismo, protestantismo). Lo del masonismo me parece una broma de muy mal gusto intelectual. Por lo tanto, desde la razón y desde el que busca la verdad no se pueden asentar los términos trascendentes en cualquier cosa. Una cosa es ser creyente, conocimiento imperfecto porque la fe es obscura, y otra muy distinta ser un crédulo que una imperfección de la inteligencia y de la voluntad.

4.- Este ya es un punto subjetivo, una preferencia, pero como tal debes reconocer que amputar el fin existencial de una persona por conveniencia nunca puede ser algo objetivo. Orígenes y Tertuliano, por ejemplo, serían sin ese fin algo muy ditinto a lo que son.

5.- A ver si distinguimos dos cosas. Los santos están en los altares y en el cielo, aquí en la tierra todos somos pecadores, eso sí, que luchamos por ser santos. Y hay que dejar un cosa que es central en el pensamiento de José Antonio y no una lateralidad, y es esta:

"España, según nos dicen, ya no es católica: España es laica. Eso es mentira. No existe lo laico. Frente al problema dramático y profundo de todos los hombres ante los misterios eternos no se nos puede contestar con evasivas. Contesta esas preguntas la voz de Dios, o contesta la voz satánica del antidiós, aunque sea disfrazada con la sonrisa hipócrita de don Fernando de los Ríos." (Cádiz 12-11-1933)

Y ese Dios no es sin nombre y sin rostro. Quede claro.

6.- Teniendo en cuenta el punto 3, llegar a esta conclusión me parece, como dije antes, un ejercicio de vanidad u obstinación.

7.- La teología católica está muy clarita. La Suma Teológica de santo Tomás y la veinticuatro tesis y síntesis tomista. En cuanto a los Padres de la Iglesia, la norma de fe es esta: lo que fue creído por todos y en todo tiempo. Desde la Teología, por tanto, ni se ha dicho, ni se puede decir, una cosa y su contraria y mantener las dos como verdaderas.

Bueno, creo que esto agota el tema. Los falangistas no tenemos ningún problema filosófico (excepto de algunos que quieren discutir sobre el sexo de los ángeles), tenemos un reto político que cumplir y una norma superior que seguir. Eso es todo.

¡Arriba España!

30 Octubre 2008 | 10:08 AM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

1. El referente último es, en todo caso, la Biblia. En cuanto al estudio de la Tradición, es igualmente objeto del interés de la hermenéutica. No creo que mi argumento haya sido rebatido.
2. Por eso revelo mis fuentes estoicas, para evitar el malentendido.
3.1. Es racional, siempre que estés dispuesto a conceder rasgos de racionalidad a la experiencia fenomenológica, es decir, su capacidad para revelar aspectos ocultos de la realidad. De todas formas, no está de más recordar las aporías del racionalismo y afirmar la espiritualidad como una experiencia vital tan evidente que ni el discurso racional en sentido contrario es capaz de someterla.
3.2. No quisiera yo darte la sensación de que rechazo o niego la existencia de Dios. Pero sí introduzco una observación que considero relevante. Las “cinco vías” de Sto. Tomás reposa (como todo el pensamiento racional) en la Lógica. Y la lógica no está (ni siquiera la matemática) libre de aporías. ¿Sabías que la omnipotencia de Dios es una imposibilidad lógica? Aún así, no creo que estés dispuesto a renunciar a ese atributo fundamental de Dios sólo porque sea inaceptable desde el punto de vista lógico-racional (y harás muy bien). Por eso, pretender que la existencia de Dios ha sido demostrada suena al menos como algo muy pretencioso. Una prueba de ello es que la escolástica siguiera trabajando en el problema dando lugar, por ejemplo, al famoso “argumento ontológico” de San Anselmo de Canterbury que, a pesar de adolecer de una escandalosa “petición de principio”, fue el silogismo preferido por la Iglesia durante mucho tiempo. El propio Descartes, católico a carta cabal, propone su método con la intención última y declarada de probar la existencia de Dios. Una existencia que, por lo demás, sólo necesitan ver probada quienes están ciegos a la experiencia del espíritu.
3.3. De la existencia de Dios, ¿”se colige necesariamente la necesidad de una Revelación y de ésta una Religión verdadera”? No veo por qué, a no ser que nos arroguemos el derecho de dictar a Dios lo que tiene y no tiene que hacer, cosa a la que yo no me atrevería y mucho menos con el Dios judeo-cristiano, que ya sabemos cómo se las gasta.
3.4. “Desde la razón y desde el que busca la verdad no se pueden asentar los términos trascendentes en cualquier cosa”. Muy de acuerdo, salvo que estimes que la dimensión espiritual del hombre (que es el basamento de mi reflexión) sea “cualquier cosa”, ya que yo la estimo “la primera cosa” en orden de importancia de la realidad.
4. Creo que respondes a mi comentario apoyándote en un finalismo que yo no comparto. El pensamiento Nacional-sindicalista de Ramiro se escribió al margen de la teología y la religión y esa realidad no se ve modificada por el acontecimiento ulterior de su conversión. Sus fuentes no son cristianas y creo que se trata de una realidad incontrovertible.
5.1. Determinadas actitudes no pueden ser achacadas a una elevada inspiración a “ser santo”. Pero me incomoda insistir en ese tema.
5.2. En esta cita José Antonio una vez más se coloca en el eje de las cuestiones capitales. Efectivamente, el mayor bien al que podríamos aspirar es a la “voz de Dios”. Pero al zanjar la cuestión con esa abrupta disyuntiva José Antonio elude la verdadera cuestión de nuestro tiempo: que Dios hace mucho tiempo que permanece silente. Se aleja así de desarrollos más interesantes como el de Heidegger (que recomienda permanecer a la escucha por si Dios se manifiesta), que parece haber influido en las recientes y crípticas palabras del pontífice actual, Benedicto XVI: los tiempos son propicios para que Dios se manifieste. Espero que no se demore mucho en hacerlo.
6. La vanidad, ciertamente, no creo que esté entre mis pecados capitales preferidos. Y ¿ostentación?, ¿de qué? Me arrogo precisamente el mismo derecho y libertad del que has disfrutado tú para expresar mis convicciones religiosas. Me parece una contrapartida legítima.
7. Creo que incurres en una reflexión falaz, al tomar la parte (la teología aceptada por la Iglesia) por el todo (la teología como conjunto de reflexiones racionales en torno a Dios). Es muy práctico, sin duda, disponer de esa prerrogativa habida cuenta que lo aceptado hoy puede ser cambiado mañana (Me dicen que ya ni siquiera es pecado usar condón: enhorabuena). Insisto: en la teología (en extenso) se encuentran justificaciones para cualquier cosa y su contraria, aunque ciertamente siempre dentro de unos límites de sentido. No se si nuestros biznietos verán en el futuro la decadencia del neo-tomismo a favor del franciscanismo o del agustinismo. Tal vez de la Teología de la Liberación. Ya escuchamos a un teólogo, Papa y yo no se si hasta Santo proclamar a Mussolini como hombre providencial (casi un enviado de Dios), y a su sucesor condenando al fascismo. O a dos granes teólogos y cardenales españoles, Don Marcelo y Tarancón, apelando al mismo conocimiento teológico para orientar a los fieles sobre la postura a tomar de cara a la transición. De verdad, José María: ¿es esto un conocimiento seguro?
Con un saludo muy cordial, te invito a continuar debatiendo.

30 Octubre 2008 | 11:20 AM

José María Rodero de la Obra

José María Rodero de la Obra dijo

Juan Ramón, creo que hemos exprimido suficiente el limón, las posiciones están asentadas y cada uno defenderemos nuestra atalaya sin concesiones. A pesar de ello es importante hacer unas aclaraciones conceptuales.

1.- La filosofía, como "cognitio rerum omnium per altisisimas causas, sola rationis comparata" (el conocimiento de todas las cosas por sus razones últimas, adquirido con la sola luz de la razón natural), según se considere la naturaleza de los principios da lugar a las distintas filosofías: Marx, cuyo principio es la materia; Hegel es el espíritu; Spinoza la sabiduría; filosofías, pues, materialistas, idealistas y panteístas, e incluso podríamos incluir el escepticismo al poner en la duda el principio de todas las cosas. La filosofía tiene su propio método (experiencia, concepto, análisis, síntesis) y no se le puede aplicar el método de una ciencia por muy buenos resultados que ese método haya prestado a esa ciencia. Ahora pongamos en su lugar a Descartes, cuyo principio de anular la experiencia le llevó a la ciencia modelo de la matemática; para Kant, la física clásica; para Comte, la sociología y para Bergson la psicología de instrospección; y para Brunschvieg la física-matemática. Todos han querido renovar la filosofía con parámetros de una ciencia, sin tener en cuenta que la filosofía es trascendente a todas las ciencias.

2.- De la exposición anterior podemos ver en cuanto, y más hoy en día, la teología es superior a la filosofía, en orden y ordenamiento, por supuesto. Tú mismo partes de una concepción idealista, y claro eso será para ti la causa primera, pero no para todos como hemos visto. La hermenéutica no es fuente de la teología, es un instrumento de la misma.

3.- En la revelación cabe distinguir algo así como dos zonas: por una parte, las verdades que superan absolutamente la razón, "quae rationem humanam excedunt", como los misterios de la Santísima Trinidad, de la Encarnación y de la Redención; y, por otra parte, las verdades que pueden ser descubiertas por la razón, "quae ratione humana investigari possunt", como la existencia de Dios, la creación, la providencia. Ahora bien, convenía que Dios revelara a los hombres estas dos clases de verdad, ya que son necesarias para la salvación.

En cuanto a las primeras las cosas están claras. No es posible querer un bien, ordenar a él las propias intenciones y actos, sin conocerlo previamente. "Nadie ama lo que no conoce". Pero, ¿y las segundas? Estas convienen también y son necesarias, porque sin la revelación nadie podría conocerlas. Dios supera a nuestra razón, obvio, ¿no?

¿Y todo esto para qué? El menos cultivado de los cristianos (una "vetula", mujer anciana dice santo Tomás) sabe más cosas de Dios y de adquirir el fin al cual está ordenado como hombre, que uno cualquiera de los filósofos paganos.

¿Para qué? Para que preguntas como las que te haces tú en tu tercer bloque (El verdadero problema intelectual y filosófico que los falangistas tenemos hoy es definir exactamente el concepto joseantoniano de "valores eternos" y de "categorías permanentes de verdad") no sean necesarias.

4.- Obstinación no es obstentación, debes haber leído mal. Para terminar, tu desconocimiento del catolicismo te hace incurrir en atribuciones falsas sobre el mismo y sobre la Teología. Hay que saber diferenciar entre Magisterio infalible, Magisterio Ordinario, Magisterio extraordinario, Dogma de fe y depósito de la fe. Tus referencias últimas no son contradicciones católicas, sino la Iglesia atacada por el modernismo, que son cosas muy distintas, pero que no vienen al caso. Y tener claro que aunque la Iglesia sea de institución divina, la historia de la misma la hacen los hombres que la componen. Y los hombres no somos ángeles (ni para bien ni para mal).

5.- Los falangistas, insisto, no tenemos problemas filosóficos, partiendo eso sí de un ordenamiento claro de nuestra acción política, sino políticos.

¡Arriba España!

P.D.: Tras tu turno de respuesta, si deseas hacer uso de el, Juan Ramón, mejor nos vemos en el debate de otro post, quizás podamos sacar cosas constructivas sabiendo donde está cada cual.

30 Octubre 2008 | 03:37 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Como quieras, José María. A condición de verte por aquí a menudo.
Me temo que no puedo compartir tus conclusiones y reafirmarme en que la Falange debe proceder a una profunda ampliación de sus postulados básicos sin sobrepasar los límites de hombre, justicia y Patria. Y hacerlo desde la disciplina intelectual más extensa que sea posible, cual es la filosofía.
No podemos conformarnos con una defición de lo esencial (lo eterno, lo universal) que no extraiga las consecuencias últimas y más radicales de cuánto eso implica. Hay mucho espíritu y mucho valor más allá de la religión y no creo honesto renunciar a ello.
Mi desconocimiento del catolicismo no es tan largo como crees. Y es que aquí, todos hemos sido frailes antes que cocineros, si me permites la retorsión del refrán.
Me gustaría rebatir punto por punto tu último comentario; no me resultaría muy difícil. Pero no quiero aprovecharme de la intención que expresas de no responderme. Supongo que habrá otras ocasiones.
En fin, que aquí tienes tu casa.
Un saludo muy cordial.

30 Octubre 2008 | 04:40 PM

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Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes.Reconocemos la dimensión religiosa del hombre y la realidad social de España mayoritariamente católica. No somos una corriente de pensamiento confesional, aunque nos inspiramos en una concepción cristiana de la vida.

Quisisteis ser el ascua en otro cerco

que enciendan acampadas venideras

en pos de ese sueño... siempre terco

atisbado en románticas quimeras

No quisisteis jamás dejar de serlo

a pesar de ver arriadas sus banderas

...no se deja de estar por no entreverlo

... no se deja de ser, por quedar fuera

Cinco flechas en distintas direcciones

apuntan, soportando el mismo yugo

buscando así atinar blanco seguro

Cinco mil distintas opiniones

vivifican y atemperan al verdugo

que quisiera ejecutar... Nuestro futuro

(Sancies)

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