Camisas azules frente a sotanas negras
Traemos a consideración del lector dos libros que ilustran los avances de la investigación reciente sobre un tema hasta ahora mal conocido: la historia de
El segundo texto es fruto del talento del joven investigador José Antonio Parejo, que destacó con su libro
Los datos que ofrece el doctor Parejo son altamente reveladores.
¿Cómo se articularon los engranajes de esta máquina anti-poder, a partir de unos oscuros inicios hasta alcanzar la cifra de 70.000 afiliados que sólo la provincia de Sevilla tenía en 1936? Esto es lo que trata de responder el profesor Parejo en un proceso de inmersión hasta ahora nunca hecho, por la compleja trama de las relaciones internas de la organización. Asoman, al menos, dos líneas de trabajo para el futuro del análisis del autor: una sobre los orígenes de las células fascistas en Andalucía que quizás obligue a revisar el esquema de un movimiento vertical, inducido desde Madrid, para incorporar un fermento de descontento y predisposición al fascismo que ya existía de antes. La segunda, acerca del devenir de las milicias falangistas durante la guerra y aún después, cuando FE es ya un partido de masas. Las tensiones entre los muchachos falangistas y las autoridades del régimen que se gestan en aquel año crucial de 1937 fue el posible origen de los males posteriores del partido.
Los testimonios de decepción no tardaron en aparecer y se prolongaron durante la progresiva pérdida de poder de la ya unificada FE y de los JONS, desplazada por la derecha tradicional en la posguerra. Alfonso Lazo registra en su obra esta lenta pero inexorable agonía de uno de los miembros del bando vencedor, cercenado por la desconfianza de los otros socios y la indiferencia del propio Jefe del Estado. Algo que siempre se ha dicho pero que hasta ahora no se había conseguido explicar, buscando en las raíces ideológicas de este movimiento los orígenes del desencuentro con el resto de los miembros de la familia franquista. La metáfora doméstica del título es de lo más pertinente: Una familia mal avenida. Unida sólo por conveniencia y temor de un mal mayor (el de la revolución comunista o el caos anarquista) pero desligada y enfrentada, en el fondo, por los principios. Contrariamente a lo que luego dijo la derecha conservadora,
Dejando al margen la concesión final a los tópicos del Sistema, nos hallamos ante sendas obras que ofrecen como caracterísiticas en común su insistiencia en el carácter fascista de la Falange fundacional, y la plasamción de las nítidas líneas de ruptura de esa organización revolucionaria con una derecha que las circunstancias históricas, la falta de fe en los ideales de muchos falangistas y la limitada altura moral de otros muchos entre ellos, impusieron como inevitable compañera de viaje.
En código interno, la obra da para analizar críticamente esa absoluto y perfecto encastre entre el Cristianismo y el Nacional-sindicalismo que algunos pretenden hallar en la Falange fundacional y que los hechos históricos precen una y otra vez obstinados en desmentir en buena parte.
Resulta por otra parte sobresaliente la excelente crónica de este periodista anónimo de Diario de Sevilla. Ciertamente, quizás no exista mejor forma de recuperar la Falange de todos estos años de acoso y deformación que dedicándole reflexiones con una calidad pareja en el uso del castellano.






memoriazul dijo
Precisamente las diferencias irreconciliables del falangismo con fascismo y nazismo tiene que ver por un lado con el culto al estado y al individuo de estos últimos que dejan aparte el componente espiritual de los llamados “valores eternos”.
El autor marra el juicio en esto pero acierta en que el origen común de los tres movimientos se entronca en el regeneracionismo revolucionario.
Absoluta falta de razón tiene en su aseveración final al atribuir al falangismo mimetismo al racismo nazi, por unas actitudes antisemitas de la cultura española, manifestadas en frases y expresiones populares como:”escupir es de judíos” o “esto que has hecho es una judiada”. Alentado o no por el clero el antisemitismo español tiene más que ver con el rechazo al tradicional ejercicio de la usura de ese colectivo que con el tema racial.
En cuanto al comentarista vuelve a su pertinaz tendencia a utilizar el término “cristianismo” cuando quiere hablar de “Iglesia Católica” o “Cúpula eclesiástica”
(Toma ya tirón de orejas, J.)
8 Agosto 2008 | 10:19 PM