La Coctelera

GALLOS DE MARZO

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8 Agosto 2008

Camisas azules frente a sotanas negras


Traemos a consideración del lector dos libros que ilustran los avances de la investigación reciente sobre un tema hasta ahora mal conocido: la historia de la Falange. La síntesis del profesor Alfonso Lazo coloca el Movimiento ante el tribunal de sus detractores dentro del propio régimen de Franco: la Iglesia y el Ejército. Porque el régimen de Franco, pese a su apariencia rocosa y coriácea, estuvo sacudido por fuertes tensiones entre sus familias políticas. El antifalangismo de actitud y, a veces, hasta de palabra, de los jerarcas del Ejército y de los clérigos es el vástago o rodrigón de un relato en torno al cual se enredan las ideologías oficiales y las interpretaciones de la calle, hasta configurar un corpulento y novedoso árbol de la mentalidad del primer franquismo. Luego diremos más.

El segundo texto es fruto del talento del joven investigador José Antonio Parejo, que destacó con su libro La Falange en la Sierra Norte de Sevilla (Sevilla, 2004) planteando sugestivas hipótesis sobre el carácter interclasista e integrador de la Falange que ahora se ven confirmadas en este amplio estudio del fascismo sevillano. Con datos novedosos, Parejo demuestra el perfil antiliberal, anticapitalista y revolucionario de un movimiento que siendo un punto casi invisible en el firmamento político de la Segunda República creció como un meteoro en sus últimos meses para convertirse en partido de masas en vísperas de la Guerra Civil.

Los datos que ofrece el doctor Parejo son altamente reveladores. La Falange sevillana, si bien nació, como la madrileña, por iniciativa de un grupo de señoritos de buena familia, se nutrió por igual, y desde sus primeros tiempos, de afiliados procedentes de todas las clases sociales con un fuerte componente de estudiantes y empleados, bastantes obreros y un número nada despreciable de jornaleros. Muchos de estos jóvenes, hasta adolescentes, figuran con el brazo en alto en el retrato de grupo tomado en la Avenida de la Constitución de Sevilla el 14 de abril de 1934 al paso del desfile que conmemoraba la proclamación de la República (en la imagen). Toda una provocación que anunciaba la estrategia destructiva del orden establecido que iba a definir a la nueva organización.

¿Cómo se articularon los engranajes de esta máquina anti-poder, a partir de unos oscuros inicios hasta alcanzar la cifra de 70.000 afiliados que sólo la provincia de Sevilla tenía en 1936? Esto es lo que trata de responder el profesor Parejo en un proceso de inmersión hasta ahora nunca hecho, por la compleja trama de las relaciones internas de la organización. Asoman, al menos, dos líneas de trabajo para el futuro del análisis del autor: una sobre los orígenes de las células fascistas en Andalucía que quizás obligue a revisar el esquema de un movimiento vertical, inducido desde Madrid, para incorporar un fermento de descontento y predisposición al fascismo que ya existía de antes. La segunda, acerca del devenir de las milicias falangistas durante la guerra y aún después, cuando FE es ya un partido de masas. Las tensiones entre los muchachos falangistas y las autoridades del régimen que se gestan en aquel año crucial de 1937 fue el posible origen de los males posteriores del partido.

Los testimonios de decepción no tardaron en aparecer y se prolongaron durante la progresiva pérdida de poder de la ya unificada FE y de los JONS, desplazada por la derecha tradicional en la posguerra. Alfonso Lazo registra en su obra esta lenta pero inexorable agonía de uno de los miembros del bando vencedor, cercenado por la desconfianza de los otros socios y la indiferencia del propio Jefe del Estado. Algo que siempre se ha dicho pero que hasta ahora no se había conseguido explicar, buscando en las raíces ideológicas de este movimiento los orígenes del desencuentro con el resto de los miembros de la familia franquista. La metáfora doméstica del título es de lo más pertinente: Una familia mal avenida. Unida sólo por conveniencia y temor de un mal mayor (el de la revolución comunista o el caos anarquista) pero desligada y enfrentada, en el fondo, por los principios. Contrariamente a lo que luego dijo la derecha conservadora, la Falange sí sabía lo que quería. Pero, parafraseando al autor, lo que quería en nada se parecía al modelo de orden que añoraba la derecha tradicional, con la Iglesia y el Ejército a la cabeza. Incompatibles eran las convicciones (no sólo apelaciones) revolucionarias y anticapitalistas de muchos falangistas con el patrón tradicional de una sociedad de señores magnánimos y criados obedientes, con claro regusto ancièn régime, que añoraban, aunque en diferente medida, carlistas, alfonsinos, el clero y los potentados.

La Falange no difería en esto del pathos de otros partidos fascistas europeos, pues un sentimiento común de frustración y similares ansias de rejuvenecimiento anidaban en los corazones de los jóvenes de clase media de Italia, Francia, Rumanía o España. Lo peculiar del fascismo español fue su contexto y sus circunstancias, que impidieron la emergencia del Nuevo Estado, incompatible con el Orden Nuevo, que en el fondo era el de siempre, católico y orgánico, como postulaba la Iglesia. En medio de la tensión de estos dos absolutismos, se cruzan otros fantasmas de la mentalidad colectiva española que Lazo excruta con maestría. Es el caso del antisemitismo de todos pero cada uno a su modo. Mimético del racismo nazi en los falangistas; cultural y atávico el de un clero que anatemizaba al pueblo deicida.

www.diariodesevilla.es

Dejando al margen la concesión final a los tópicos del Sistema, nos hallamos ante sendas obras que ofrecen como caracterísiticas en común su insistiencia en el carácter fascista de la Falange fundacional, y la plasamción de las nítidas líneas de ruptura de esa organización revolucionaria con una derecha que las circunstancias históricas, la falta de fe en los ideales de muchos falangistas y la limitada altura moral de otros muchos entre ellos, impusieron como inevitable compañera de viaje.

En código interno, la obra da para analizar críticamente esa absoluto y perfecto encastre entre el Cristianismo y el Nacional-sindicalismo que algunos pretenden hallar en la Falange fundacional y que los hechos históricos precen una y otra vez obstinados en desmentir en buena parte.

Resulta por otra parte sobresaliente la excelente crónica de este periodista anónimo de Diario de Sevilla. Ciertamente, quizás no exista mejor forma de recuperar la Falange de todos estos años de acoso y deformación que dedicándole reflexiones con una calidad pareja en el uso del castellano.

servido por gallos-de-marzo 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

memoriazul

memoriazul dijo

Precisamente las diferencias irreconciliables del falangismo con fascismo y nazismo tiene que ver por un lado con el culto al estado y al individuo de estos últimos que dejan aparte el componente espiritual de los llamados “valores eternos”.

El autor marra el juicio en esto pero acierta en que el origen común de los tres movimientos se entronca en el regeneracionismo revolucionario.

Absoluta falta de razón tiene en su aseveración final al atribuir al falangismo mimetismo al racismo nazi, por unas actitudes antisemitas de la cultura española, manifestadas en frases y expresiones populares como:”escupir es de judíos” o “esto que has hecho es una judiada”. Alentado o no por el clero el antisemitismo español tiene más que ver con el rechazo al tradicional ejercicio de la usura de ese colectivo que con el tema racial.

En cuanto al comentarista vuelve a su pertinaz tendencia a utilizar el término “cristianismo” cuando quiere hablar de “Iglesia Católica” o “Cúpula eclesiástica”

(Toma ya tirón de orejas, J.)

8 Agosto 2008 | 10:19 PM

Paseante de Arenal

Paseante de Arenal dijo

"Yo, que hasta ese momento-como tantos falangistas-había cuestionado la actitud de Franco hacia la Falange de la que se aprovechó mientras le fue útil y abandonó a su suerte cuando ya no le servía, comencé, fiel a mi costumbre de apuntarme a todas las causas perdidas, a reconvertirme en franquista, justamente lo contrario de lo que millones de españoles empezaron a hacer"( Márquez Horrillo según recoje Alfonso Lazo al final de su libro)
"Era el ultimo error del último falangista."(añade Lazo)

20 Agosto 2008 | 03:05 PM

julio

julio dijo

Le eché un vistazo al libro de Alfonso Lazo y me parece que en su admonición final no cita a ningún falangista con nombre y apellidos, pero como hace ya unos meses no estoy del todo seguro. De cualquier manera, es un libro que vale la pena.

21 Agosto 2008 | 11:02 PM

Paseante de Arenal

Paseante de Arenal dijo

Esa declaración que cito, la recoge Lazo en la página 456 y se la atribuye más concretamente a Fernando (sic) Márquez Horrillo.

30 Agosto 2008 | 02:39 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Se trata del hermano de Diego Márquez y de su obra "Un falangista de filas".

31 Agosto 2008 | 01:25 PM

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Sobre mí

Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes.Reconocemos la dimensión religiosa del hombre y la realidad social de España mayoritariamente católica. No somos una corriente de pensamiento confesional, aunque nos inspiramos en una concepción cristiana de la vida.

Quisisteis ser el ascua en otro cerco

que enciendan acampadas venideras

en pos de ese sueño... siempre terco

atisbado en románticas quimeras

No quisisteis jamás dejar de serlo

a pesar de ver arriadas sus banderas

...no se deja de estar por no entreverlo

... no se deja de ser, por quedar fuera

Cinco flechas en distintas direcciones

apuntan, soportando el mismo yugo

buscando así atinar blanco seguro

Cinco mil distintas opiniones

vivifican y atemperan al verdugo

que quisiera ejecutar... Nuestro futuro

(Sancies)

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