¿POR QUÉ NO SOMOS FASCISTAS?
La Falange fundacional se caracterizó por su expectante actitud hacia el Fascismo. Si bien existen declaraciones de sus principales líderes en sentido contrario, no es menos cierto que la historia de aquel período está plagada de insinuaciones, sobreentendidos y vaguedades que la sitúan en la estela de lo que estaba ocurriendo en Europa. Y parece ya innegable que algunos de esos líderes y, por extensión la propia FE de las JONS, obtuvieron un cierto apoyo económico –muy poco espléndido, por lo demás- del régimen de Mussolini, al menos.
Esta proximidad inicial de la Falange a los fascismos europeos, ¿la convierte a ella misma en una organización fascista? Son muchos los falangistas que se niegan a aceptarlo. Inicialmente, porque es muy distinto hablar del fascismo antes y después del horror de Auschwitz. Tal es así que incluso una facción del neo-fascismo contemporáneo ha empleado todas sus energías en intentar postular una teoría negacionista del Holocausto judío que se ha conocido genéricamente como Revisionismo.
Si la Falange fue filo-fascista en algún momento dejó de serlo cuando se publicaron las fotos de los Campos de Concentración. Lo que en modo alguno implica que el Nacional-sindicalismo fuese una teoría política fascista con anterioridad. Y ello a pesar de los excelentes trabajos debidos a personalidades del actual ámbito falangista como el profesor Jerez Riesco.
Según Ernst Nolte, reputado como uno de los mayores especialistas en la ideología fascista a partir de su fundamental Der Faschismus in seiner Epoche, deben darse seis características mínimas para poder considerar que un movimiento político se encuentra en la esfera del Fascismo. Y deben darse simultáneamente pues, en caso contrario, sólo sería posible hablar de similitudes pero nunca, en propiedad, de identidad con la ideología fascista:
- ANTIMARXISMO.
En el pensamiento de los fundadores se aprecia de manera nítida su firme oposición al Comunismo. Sin embargo se observa también, y especialmente en José Antonio, una cierta influencia del Marx filósofo: una clara aceptación de la teoría marxista del valor (plusvalía) y de la alienación, por ejemplo. Tampoco puede denominarse como antimarxismo su proclamación de la necesidad de acabar con la figura del asalariado. Por lo demás, cuando José Antonio habla de la necesidad de superar la lucha de clases no está negando la existencia de la misma, sino afirmando los efectos perversos que de ella se derivan para el hombre y la sociedad. Según Ceferino Maestú, por lo demás, si se dieran a la luz las fichas de lectura de José Antonio en el Ateneo de Madrid muchos críticos de mirada estrecha afirmarían, a tenor de las mismas, que éste sólo leía autores “rojos” o que era un “rojo” él mismo.
- ANTILIBERALISMO.
José Antonio es sin duda un crítico del liberalismo filosófico y político. De hecho, al declarar al Capitalismo como gran enemigo a batir hace extensiva la consigna al Sistema de ideas que lo ha hecho posible. Si existe una clara coincidencia entre el Nacional-sindicalismo y el fascismo es en este apartado. Sin embargo, será necesario retomar esta línea de reflexión al ocuparnos del Totalitarismo como alternativa.
- ANTICONSERVADURISMO.
El conservadurismo de la Falange fundacional es un aspecto delicado. Por una parte, su decidida vocación por estar a la altura de su tiempo –parte de la mejor herencia de Ramiro Ledesma- le hace adoptar una actitud crítica con el pasado. Lejos de lo que muchos de sus seguidores parecen pretender, José Antonio no era un pasadista. Y en el caso de Ledesma, el cuadro que sobre la Historia de España traza en su ¿Fascismo en España? es sencillamente abrumador. Es difícil que ambos jefes falangistas hallaran verdaderamente algo en la España de su tiempo digno de ser conservado. Para eso ya estaban los Carlistas, con Diputados a Cortes y todo. Si la antinomia se presenta en términos de revolución o conservadurismo, la Falange es en consecuencia anticonservadora y en eso se aproxima al Fascismo. Pero José Antonio puso un especial cuidado en hacer llamamientos constantes a lo que el definía como “lo permanente” (es decir, lo que se conserva a través del tiempo decantado por los acontecimientos históricos); y no puede obviarse tampoco su inequívoca condición católica y su exaltación de la condición espiritual o incluso religiosa de la existencia. La polémica en torno al conservadurismo de la Falange queda de este modo “en tablas” pero, en rigor, no puede afirmarse que sea un movimiento anticonservador en el sentido apuntado por los fascismos.
- LIDERAZGO.
El principio de liderazgo está presente en la Falange fundacional por dos causas: por la arrolladora personalidad de Primo de Rivera y por las circunstancias prebélicas en que se desarrolla el activismo político en los años 30 en España. Comprobada la ineficacia del sistema de mando basado en el Triunvirato, José Antonio exige por razones tácticas el poder absoluto dentro del Partido. Pero esto ocurre a pesar de su manifiesta repugnancia por erigirse él mismo en líder de la organización. Sus declaraciones privadas no dejan sombra de duda a ese respecto. La mitificación de José Antonio se opera después de su muerte y hay muestras reveladoras de que ese pretendido liderazgo fascista que se le atribuye era contestado incluso dentro de las filas de la Falange. La escisión de Ramiro es el dato que ha pasado a la historiografía falangista como más representativo de este malestar interno, pero se puede afirmar que no constituía un hecho aislado. Para mayor abundamiento, nadie se sentía más incómodo con las necesidades impuestas por los tiempos que el propio Jefe.
- MILITARISMO.
Este punto supone, junto al antiliberalismo, el contacto más estrecho entre la Falange y el Fascismo. La Falange adoptó desde sus inicios una forma militar Aunque también es extrapolable a los partidos comunistas y socialistas del periodo. Lo militar, en José Antonio, es junto a la religiosa una de las dos actitudes que se pueden adoptar en la vida. Por eso es significativo que su militarismo no se limite a cuestiones prácticas, de eficacia de la acción política, sino que se expanda hacia el ámbito del “modo de ser”. José Antonio heredaba de épocas pasadas la certidumbre de que el carácter español había dado lo mejor de sí cuando se prestaba de manera disciplinada a la consecución de un fin o proyecto común. Lo militar es, en consecuencia, una característica distintiva de lo que entonces parecía el carácter común de los españoles, como pocos años más tarde se pondría al día en el frente de batalla. Hoy existen serias dudas respecto a la posibilidad de definir ese carácter español en función de sus características militares o militantes, pues el espíritu burgués parece haberse adueñado definitivamente de los corazones.
- TOTALITARISMO.
Sea cuál sea la definición de Totalitarismo, la Falange ha conocido desde la misma época de José Antonio un proceso gradual de abandono de tales posiciones. El momento culminante de ese proceso fue la histórica declaración de la FE-JONS (Auténtica) en la Transición: “No queremos el poder, queremos su reparto”. El pensamiento falangista es manifiestamente contrario al Totalitarismo. Propugna una sociedad de hombres libres, responsables de su destino y emancipados de las tutelas de los detentadores del poder político, económico e ideológico. El Nacional-sindicalismo responde a una evolución natural de la mentalidad democrática. De hecho, busca las condiciones materiales, espirituales y políticas que hagan posible el ejercicio de un verdadero poder del pueblo. En el Estado nacional-sindicalista no manda un partido único, ni una oligarquía de familias influyentes, ni un aparato estatal militarizado, ni un consejo de sabios bendecido por la mano de Dios. Es la gente de a pie, el ciudadano, quien decide qué hacer en política (a través de su participación en la vida municipal) y en economía (a través del poder detentado por los sindicatos y de la asignación de la propiedad de las empresas a los trabajadores).
A tenor de lo expuesto cabe aventurar que la Falange no estaría en condiciones de superar el riguroso examen de Fascismo propuesto por Nolte. Dos de seis: inequívocamente, su antiliberalismo; y de manera mucho más atenuada que en el caso italiano, alemán (y ruso), y sometida a una profunda revisión en la actualidad: el reconocimiento del valor de la milicia como instrumento de lucha política.
En consecuencia, la Falange suspende en Fascismo. Con “Muy Deficiente”.
euleon dijo
Que alguien le pase este artículo a los Ynestrillas,
Andrinos etc. Parece que al facherio filonazi, sector Torrente ,les ha dado por lo azul.
13 Junio 2008 | 11:54 PM