La Falange y las falanges
Cuando nacen las palabras, nacen con un significado. Toda palabra “define” una realidad concreta, pero el uso, el abuso y sobre todo el mal uso, en muchos casos interesado, acaba por cambiar el significado de las palabras. En unos casos este cambio es un cambio natural: cuando cambia la realidad que se nombra con esta palabra normalmente no se cambia la palabra, con lo que al cabo de un tiempo este vocablo puede definir otra cosa.
En otros casos el cambio es “interesado”, es propiciado para defender o justificar los intereses propios. Este último caso se produce con bastante asiduidad en la política.
La Falange también se ha visto inmersa en este fenómeno semántico, unas veces de forma “natural”, al cambiar la realidad nacional, también aunque halla quién no lo acepte, cambia el concepto Falange. Otras veces, las más, la actuación interesada de los unos y de los otros, de los de dentro y de los de fuera han conseguido que al decir Falange sea imposible reconocer a que realidad se hace referencia.
Ante esta realidad semántica que nos circunda cuando alguien (que alguien queda) se define como “falangista” ¿a qué se refiere?
En la Falange se ha reescrito su historia, unas veces por los de fuera que han querido confundirla con los fascismos, el franquismo, la extrema derecha y el pistolerismo. Y otras, y no las menos, por los de dentro, por los mal llamados neo-falangistas. Entiéndase por neo-falangistas todos aquellos que recogiendo de una forma parcial, sesgada o mal-intencionada el legado de José Antonio, lo usan como un chicle, que estiran allí donde les interesa, para hacerse una Falange a su medida, a la medida de su mediocridad y que han confundido, de forma interesada, a la Falange con la extrema derecha, el franquismo, el nacional-catolicismo, la internacional fascista (los Le Pen de turno) y recientemente con esa fauna semi demente de Skinds, Ultra Sur, rapados y ultra nacionalistas españoles retrógrados próximos al PP.
Los diversos y distantes grupos, grupúsculos y reuniones de amiguetes que componen el variopinto espectro falangista ¿de quién son herederos? Los espurios y variados jefes nacionales ¿son herederos de José Antonio? o ¿sólo lo son de ellos mismos, de su vanidad, de su estulticia o de sus bastardos intereses personales?
La actual atomización falangista no es casual y responde a diversos y complejos factores históricos y de identidad. La herencia recibida está tan enmarañada, que sólo con una reflexión seria y profunda podría ser una herencia fecunda, no sólo para la Falange, sino y, es lo más importante, para el devenir histórico de España.
En la concepción joseantoniana lo nacional y lo social –sindicalismo- han de ir irrevocablemente unidos. Toda separación es una traición al pensamiento fundacional, por eso algunos gustamos de escribir unidos los dos vocablos: Nacional-Sindicalismo. De la época de la falsificación de la Falange nos queda el énfasis en lo nacional y el olvido de lo social -el sindicalismo-, pero eso forma parte de la derechización interesada de la Falange.
Hoy no existe la Falange, hoy sólo existen falangistas, falangistas dispersos, desorientados y confusos. Las múltiples falanges actuales se distinguen por media docena de frases, no siempre bien asimiladas, del acerbo joseantoniano. La reflexión, el estudio, la organización, el trabajo callado y continuado y el estilo brillan por su ausencia.
La tragedia de la Falange es: que en las falanges no son todos los que están. Y eso hay que decirlo con claridad, en las falanges ha habido y hay falangistas y “fandanguistas”, que suena casi lo mismo, pero no es lo mismo. Las falanges también tienen (aunque no en la misma cantidad), elementos cuya única profesión conocida ha sido y es la de falangista, mangantes profesionales, recuerdo la acertada frase: “cuando oigo que alguien me llama camarada, echo mano a mi cartera”, y últimamente esa fauna asilvestrada de Skig y ultras de fútbol que usan entre su variada parafernalia los signos externos falangistas para sus litronas y sus fechorías.
También hay gentes de buena voluntad que sin ser falangistas, confunden y confundieron, por una falta total de formación o por una nefanda actuación de las falanges, el ideal Nacional-Sindicalista. Todas estas personas de origen reaccionario y de derechas, tarde o temprano, si la Falange recupera su pulso revolucionario, regresaran a los mal llamados frentes nacionales de los que nunca debieron salir.
De una vez por todas hay que distinguir y separar lo accesorio de lo fundamental, lo anecdótico de lo intemporal.
Se puede comprobar, advirtiendo que el pensamiento de los “iniciadores” del movimiento Nacional-Sindicalista evoluciona progresivamente de un estatalismo –de influencia italiana- a una tendencia de autogestión sindical; son sintomáticas las conversaciones con elementos de la CNT (reducto español del sindicalismo revolucionario, bajo la influencia política del anarquismo) y, más concretamente, con el líder Ángel Pestaña, de los llamados treintistas, creador del Partido Sindicalista.
La herencia del sindicalismo tradicional español –incluso en su vertiente anarquista- se hace patente en la visión económica y social del Nacional-Sindicalismo; en síntesis, podemos decir que éste no es más que la nacionalización del sindicalismo, y si este se puede dividir en reivindicativo, que aspira a obtener ventajas dentro del sistema y revolucionario, que pretende sustituirlo por otro más justo; el Nacional-Sindicalismo, nacionaliza fundamentalmente el segundo, el revolucionario.
Asimismo, un sindicalismo, no es revolucionario, en cuanto a sus estructuras, sino, ante todo, en cuanto a sus principios; la estructura puede variar según lo aconseje las circunstancias, mientras que los principios sustenten toda la arquitectura social de la nación.
Hoy que hay “falangistas” reformistas, regeneracionistas o progresistas, hay que afirmar con rotundidad: “Que una Falange que no es revolucionaria no es la Falange de José Antonio, de Ramiro, de Onésimo y de Julio”. Una Falange que no es revolucionaria se convierte en una organización reaccionaria y de extrema derecha.
En la época fundacional el Diario ABC llamaba a la Falange la FAILANGE. A lo que años después David Jato añadiría: “Mientras no nos llamen otra vez Failangistas no será posible la Falange”.
Falange y Nacional-Sindicalismo son conceptos inseparables. La Falange es el continente y el Nacional-Sindicalismo es el contenido. El Nacional-Sindicalismo son aquellas formulas políticas y sociales que realizan la doctrina de la Falange. La Falange es una concepción política iniciada por Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo Ortega, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera para salvar a España. La Falange, sin el Nacional-Sindicalismo no es nada, por más que algún reaccionario de derechas quiera hacer de la Falange una sucursal de alguna orden o movimiento religioso, que, en ningún momento estuvo en la mente de sus “iniciadores”. La Falange sin el Nacional-Sindicalismo se convertiría en un grupo de extrema derecha más, de esos que claman por los frentes nacionales, pero también hay que afirmar que el Nacional-Sindicalismo sin la Falange, tampoco es nada, pues cualquier contenido que se separa del continente se desparrama. Conseguir esta separación entre la Falange y Nacional-Sindicalismo, por estos grupúsculos de extrema derecha, que desde siempre han aspirado a que la Falange sea la fuerza zipaya del capitalismo, es el objetivo, incomprensible, de los que pretenden separar e, incluso, enfrentar a los iniciadores de Falange Española de las JONS.
Hay que descarnar a la Falange de las adherencias sufridas desde su fundación: las adherencias del tiempo fundacional: militarismo y fascismo, las adherencias de la guerra civil: gorritos cuarteleros, trinchas, botas militares, chapas (léase condecoraciones, distintivos de mando, etc.), las adherencias del franquismo: Nacional-Catolicismo, la retórica vacía y demagógica, derechización y de la obsesión de resucitar el Movimiento Nacional en forma de frentes nacionales, en especial con la extrema derecha. En la Falange de una vez por todas hay que enterrar tanto al franquismo como al antifranquismo de sus filas. ¡Franco ha muerto, descanse en paz!
Reitero: hoy es más urgente que nunca limpiar a la Falange de todo lo que le es ajeno.
Carguemos con nuestra historia, con toda nuestra historia, con sus errores y sus aciertos, pero no carguemos con toda la basura del estercolero político español. Esa no nos pertenece.
No basta con decirse falangista. No basta con comprarse una camisa azul. Hay que ser falangistas.
Hoy en día si se quiere que la Falange sea un movimiento político que pueda tener influencia en la España del futuro HAY QUE REFUNDAR LA FALANGE. Pero para refundar la Falange HAY QUE VOLVER A LA PRIMIGENIA INSPIRACIÓN DE SUS FUNDADORES, de “todos” sus fundadores y no sólo como erróneamente pretenden algunos “iluminados”de este o aquel (según sus preferencias o intereses personales) LA FALANGE O ES SINTEXIS O NO ES NADA.
Roberto Flechas






Aguila Imperial dijo
Sólo hay una falange y es la dirigida por Manuel Andrino y Ricardo, dejaos de comidas y demás burguesadas y poneos a trabajar aunque sea un poquito anda..
21 Mayo 2008 | 08:16 AM