En la Navidad de 1936, Hedilla leyó ante los micrófonos de Radio Salamanca un mensaje que contenía un c´lido elogio al comportamiento de los falangistas que estaban en el frente. Tras afirmar que Falange Española estaba orgullosa de sus afiliados de Primera Línea, señalaba: “... Ahora me dirijo a la retaguardia, a ese sinnúmero de gentes de la segunda línea, magníficamente equipados con esas imponentes botas marciales y esos capotes de polo norte y esos guantes de piel...” y dirigiéndose a aquellos falangistas que en las ciudades colaboraban en las investigaciones políticas y policíacas, les dice: “... impedid, con toda energía que nadie sacie odios personales y que nadie castigue o humille a quién, por hambre o desesperación, haya votado a las izquierdas.” “Todos sabemos que en muchos pueblos había —y acaso hay— derechistas que eran peores que los rojos. Quiero que cesen las detenciones de esa índole y, donde las haya habido, es necesario que os convirtáis vosotros en una garantía de los injustamente perseguidos.”
Tocaba Hedilla el tema de las represalias. Hay abundantes pruebas de la postura de la Falange, opuesta a las represalias. El rápido crecimiento del partido había llevado a sus filas a gentes que no podían compartir su estilo. En algunas provincias, enviaron los Jefes Provinciales severas circulares prohibiendo los actos de represión. En Valladolid, sería publicado incluso
en la prensa local. Sectores muy interesados, tratarían por todos los medios, que los contornos de la represión se perfilaran de azul, a través de maniobras interiores muy calculadas. Hugh Thomas, dice en su obra “La Guerra Civil Española”, que: “en cuanto a los autores de tales atrocidades, eran en su mayor parte miembros de los antiguos partidos de derechas, mas bien que de Falange. La Guardia Civil, los militares y antiguos miembros de la CEDA, fueron los principales realizadores de los hechos. Parece ser cierto que la Falange hizo cuanto estuvo de su parte para establecer ciertos niveles de justicia”.
Hay que hacer notar que entre mediados y finales de 1938, se produjo una depuración en la Falange y fueron expulsados de la Organización, los individuos culpables de “crímenes de guerra”, y en 1943 Arrete en una reunión de Jefes Provinciales pidió, públicamente, que cesase la represión.
Manuel Antonio TUERO MADIEGO: “Y traerán prendidas cinco rosas”, pp. 185-186.
servido por gallos-de-marzo
4 comentarios
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gallos-de-marzo dijo
A todos los historiadores e investigadores de la historia de la Falange: sería muy bueno publicar los documentos originales a los que se refiere este texto. A ver si alguien da con ellos, los coleccionada y redacta la verdadera implicación del Nacional-sindicalismo en los horrores de la retaguardia nacional y de la postguerra.
11 Mayo 2008 | 02:57 PM