Sorpresa: el pensamiento económico de José Antonio
MANUEL FUNES ROBERT
Como hemos dicho recientemente
Sorpresa para mí fue en verdad descubrir hace muchos años, al conocer la conferencia de José Antonio en el Circulo Mercantil de Madrid en abril del 35, que el documento que contiene la más importante aportación de José Antonio haya figurado escasamente en la colosal obra propagandística que siguió a su muerte. Quizá porque pugnaba con los planteamientos de entonces el elogio que hace de Carlos Marx cuando dice que “se fue al otro mundo ajeno por completo a la sospecha de que algún día iba a salir algún antimarxista español que le encajara en la línea de los poetas”. José Antonio, tras darle la razón en su crítica al capitalismo, lo eleva a la categoría que ninguno de sus partidarios le atribuyó. El análisis que hace del diagnostico marxista nos evita la lectura de El capital. Mucho después, en los años 50, Schumpeter iba a decir en su “Capitalismo, socialismo y democracia” lo que sigue: “la mayoría de las creaciones del intelecto perecen en el espacio que va de una sobremesa a una generación. En algunas no ocurre así; van y vienen y en este refluir podemos ver un indicio de su grandeza. En el caso de El capital, la misma imposibilidad de herirlo mortalmente muestra el poderío de la construcción. El capital, semidesmantelado por mil afortunados ataques, aún levanta ante nosotros su imponente silueta”.
Rousseau y Adam Smith
José Antonio, en una sola conferencia, expone con maestría y critica con agudeza el liberalismo político y el liberalismo económico en las obras y figuras respectivamente de Rousseau y Adam Smith. La aportación del primero en El contrato social afirma que el hombre que nace libre solo puede verse sometido por una figura llamada voluntad general cuyos perfiles no acertó a concretar, pues esa tarea la realizó posteriormente Hegel, al crear el concepto de minoría consciente. Antes de éste, la filosofía del ginebrino desembocaba en la identificación de la voluntad general con la voluntad de la mayoría, y José Antonio describe con elocuencia en la citada conferencia los vicios insuperables de esa mayoría cuando asume el poder, fragmentada, como tiene que estar por voluntades generales particulares que se organizan en forma de partido político que ha de luchar ferozmente sin parar en medios por alcanzar el poder. El concepto superior y unitario que cree haber descubierto Rousseau se descompone en multitud de poderes en lucha.
José Antonio no cita a Hegel, pero sin embargo se aproxima en sus distinciones que posteriormente haría en nuestras Cortes al distinguir individuo de ciudadano. Como Hegel, intuye y proclama que existe un ser colectivo infinitamente más importante que los individuos y es evidente que por ello le pertenece el derecho trascendente de la soberanía. La sociedad no se realiza como todo nada más que cuando sus participantes se reconocen como miembros de ella y la reconocen como a su fin, de lo que se infiere que sólo los que han adquirido esta conciencia hacen que la sociedad se encamine hacia su realización. Sólo así su voluntad se identifica con la voluntad general.
Al analizar la obra de Adam Smith, José Antonio se presenta como precursor de la obra de Schumpeter, Capitalismo, Socialismo y Democracia. Volviendo al tema de las características que han hecho de
José Antonio, al analizar
El capital fijo, precisamente por serlo, no puede adaptarse a las coyunturas del mercado, no puede moverse en función de la demanda y oferta de sus productos. Exige y se alimenta de la eliminación de los más débiles. De forma y manera que los dos grandes pensadores que analiza José Antonio han originado, por una parte, una voluntad general desviada de su primitiva concepción, y por otra, un factor económico capital nuevo que también se vuelve contra la sociedad. Pronunciada esta famosa conferencia en 1935, faltaba aún por aparecer la obra magna que habría sido asumida íntegramente por José Antonio: La teoría general de Keynes, aparecida en febrero de 1936. Pero algo intuye José Antonio de la revolución monetaria por venir cuando en los puntos programáticos de
Las alusiones de José Antonio a la situación política de España en aquel entonces son ya conocidas y ocupan un segundo lugar en el análisis de su pensamiento. Alguno de sus párrafos vale la pena recordar en lo que toca a la componente filosófica de la referida conferencia que estamos analizando: “Y el hombre, que aspiró a vivir dentro de una economía y una política liberales, dentro de un principio liberal que llenaba de sustancia y optimismo a una política y a una economía, vino a encontrarse reducido a esta cualidad terrible: antes era artesano, pequeño productor, miembro de una corporación acaso dotada de privilegios, vecino de un municipio fuerte, ya no es nada de eso. Al hombre se le ha ido librando de todos sus atributos, se le ha ido dejando químicamente puro en su condición de individuo, ya no tiene nada, tiene el día y la noche, no tiene ni un pedazo de tierra donde poner los pies ni una casa donde cobijarse. La antigua ciudadanía completa humana, íntegra, llena, se ha quedado reducida a estas dos cosas desoladoras: un número en las listas electorales y un número en las colas de las puertas de las fábricas”.
La cuestión del capital constante
Por encima de la crítica penetrante a Rousseau y a Adam Smith, en la famosa conferencia, José Antonio retoma su concepto de patria en la forma conocida de una unidad de destino en lo universal, coincidiendo con Ortega cuando éste afirma que es una misión en
Y por último, José Antonio vislumbra lo que yo he llamado lucha de clases en el siglo XXI, proclamando la inadvertida unidad entre obreros y empresarios, mucho antes de que la globalización reforzara aquella tesis con la aparición de la tercera clase, a cuyo estudio he dedicado muchos años.
La lección de economía de José Antonio que podemos obtener de la famosa y poco difundida conferencia es que nos ha permitido llegar a una definición concreta de un fenómeno del que todos hablan y rara vez concretan: el capitalismo. La aparición del capital constante es ciertamente lo nuevo del fenómeno, pues si siempre se empleó capital, la manera como se presenta en la etapa capitalista es económicamente distinta y políticamente decisiva. El capital constante es la constante del proceso capitalista. Y por su cuantía, sin precedentes en
De forma y manera que el capital constante crea el proletariado destruyendo el artesanado. Esta magnifica lección de economía hecha por un joven de 32 años que no era economista hubiera evitado y todavía podría evitar en las facultades de Economía la fatigosa búsqueda de autores y textos para no llegar nunca o casi nunca al fondo del tema del capitalismo, como llegó en 1935 José Antonio.
Si hubiera vivido para conocer la obra de Keynes, José Antonio habría sido el primer Keynesiano. Pero






Juan Ramón dijo
No es nada fácil intentar enmendarle la plana a un teórico de la Economía como el profesor Funes. Resultan además muy reconfortantes sus apreciaciones sobre la finura del análisis económico de José Antonio. Sine embrago, es excesivo aventurar que éste hubiera sido el "primer keynesiano". La escuela de Keynes como la de Chicago suponen en esencia unos mkecanismos correctores de los problemas (las contradicciones) del capitalismo. Sin embargo, JA repite hasta la saciedad que lo que hay que hacer con el capitalismo es desmontarlo, abandonarlo, sustituirlo por una cosa diferente. Esta visión ciertamente laudatoria de JA no consigue salir de una interpretación reformista, no revolucionaria, de su pensamiento. En éste la propiedad de los bienes de producción corresponde a los trabajadores, no a los detentadores de capital. Y la nacionalización de la banca no es una medida correctora sino el medio para suplir el papel que ahora le corresponde desempeñar a los grandes capitales. Y la función del Estado no es la de intervenir la Economía para hacerla discurrir según determinados cauces o teorías preconcebidas, pues la política económica es potestad de cada sindicato de rama de producción. El Estado ya tiene bastante con velar por la elaboración de leyes cada vez más dignas y por su cumplimiento, con procurar el prestigio de la Patria en el entorno de las naciones y con elevar el nivel cultural de la población. Abogamos por dejar la política económica en manos de quien de verdad entiende de eso que son los trabajadores (de todas las cualificaciones profesionales), naturalmente con el apoyo y el consejo de los expertos. Es estéril plantearse una Revolución si no es para llevarla hasta sus últimas consecuencias. Si se prescinde de esta valoración José Antonio no se entiende sino a medias.
8 Abril 2008 | 11:52 AM