PORQUÉ SOMOS SINDICALISTAS
La crítica falangista al capitalismo es de orden moral y económico. En el segundo término de este doble rechazo se inscribe nuestro sindicalismo. Claro que en términos falangistas esta lógica fría de la propiedad resulta escasa para agotar todas las posibilidades inherentes a una concepción humanista de la economía. Por tal motivo recurrimos con creciente insistencia al concepto marxista de la alienación que, grosso modo, viene a denunciar las profundas y malsanas consecuencias psicológicas que para el hombre se derivan al verse privado de la parte más mollar de los frutos de un trabajo que se ve obligado a vender a bajo precio a sus empleadores capitalistas. Entre esas consecuencias no son las menores el desapego y la falta de interés hacia el bien de la empresa (que nunca podrá dejar de vivenciarse como algo artificial a lo que no se pertenece), o esa forma particular de animadversión que conocemos como “lucha de clases”. Desde el punto de vista de la economía Verticales, en contraposición a los sindicatos horizontales o de clase, porque en su seno se acoge a todas las categorías profesionales implicadas en la producción de los bienes, a todos los trabajadores sin distinciones de cualificación sino de rama de producción, y donde tendrán voz y voto tanto los directores como el último peón. Los sindicatos por tanto estarán encargados de asumir en el futuro las mismas tareas que hoy competen a las empresas capitalistas (financiación, formación profesional, apertura de nuevos mercados, etc.). Su misión fundamental seguirá siendo la de producir bienes económicos: hacer negocios, hacer dinero. Cuanto más, mejor. Pero con unos límites: aquellos que los trabajadores de cada empresa tengan a bien imponerse. Porque si en el Estado Nacional-Sindicalista la propiedad de los bienes de producción y las empresas va a recaer sobre los propios trabajadores, entonces las decisiones que se tomen en su seno deberán contar con la aquiescencia de sus nuevos propietarios. El poder político, el Estado, se arrogará el derecho a marcar los grandes objetivos nacionales para cuya consecución espera contar con la solidaridad y lealtad de los trabajadores-propietarios de las empresas sindicales. Y ello, por simple patriotismo. En cualquier caso, las decisiones empresariales finales recaerán siempre sobre los hombres que se afanan en su trabajo cotidiano, que hoy constituyen la inmensa mayoría del pueblo español pero que, en el futuro, lo serán en su totalidad.



el genio de la cueva dijo
La tierra y la empresa para quien la trabaja......
Y no seria mas apropiado decir: el producto de la tierra y de la empresa para quien la trabaja
1 Marzo 2008 | 06:59 PM