La Coctelera

GALLOS DE MARZO

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24 Septiembre 2007

Una cierta idea de España

En realidad la cosa es aterradoramente simple: la idea de España como nación plural está a punto de desmoronarse. En su lugar asistimos al nacimiento de algo parecido a un Estado plurinacional, en el mejor de los casos, o a una confederación de mini Estados parcialmente soberanos, en el peor. No sólo es grave que España se desvanezca como comunidad política; es igualmente malo que se esfume el proyecto de una nación compuesta, edificada sobre un tejido cultural e histórico heterogéneo. ¿La sedición separatista va a terminar dando la razón al centralismo decimonónico? ¿Realmente hubiéramos debido aniquilar nuestra variedad interior a cañonazos, como en Francia? Pero es que eso ya no sería España. Y entonces, ¿qué hacer?

Es grande la tentación de responder al separatismo con una reacción centralizadora extrema: afirmar nuevamente lo nacional-español sobre el eje castellano (entiéndase, desde el cabo Machichaco hasta Algeciras), desdeñando o incluso señalando como enemigos a todos los que se salen de ese cuadro, ya sean navarros o catalanes, valencianos o vascos o gallegos. A veces tiene uno la impresión de que cunde en ciertos patriotas el virus “esparterista”, que les lleva a imaginar una España centralizada al jacobino modo, sacando de su tumba a don Javier de Burgos y remedando la solemne abolición de los fueros con un gesto a mitad de camino entre Cánovas del Castillo y Felipe de Anjou.

Todo esto, además de responder a una concepción equivocada de la historia de España, sería perfectamente inútil, porque el resultado de la operación no tendría nada que ver con la textura real del país. No se puede construir la unidad nacional negando la realidad nacional. Ni siquiera el franquismo –dígase hoy lo que se diga- decretó la homogeneidad cultural de España: ¿Hay que recordar cuántas iniciativas de recuperación de las lenguas vasca, gallega y catalana, o de la identidad valenciana o navarra, surgieron entre los años cincuenta y setenta?

También se oye crecer en el ambiente una tentación distinta: decretar el nacimiento de un España ex novo sobre la base de la condena de toda identidad, global o parcial, para abrazar una especie de nación neutra donde todos seamos lo mismo y, al mismo tiempo, no seamos propiamente nada. Eso es, a fin de cuentas, lo que hay detrás de quienes dicen defender la unidad de España mientras al mismo tiempo proclaman que España “se la suda” o desprecian como “fascistas” a quienes buscan inspiración en la larga y brillante historia nacional. ¿Pero qué clase de alternativa es esta a la fragmentación de España?

Si hoy estamos donde estamos es, entre otras cosas, por la labor de zapa de una intelligentsia de izquierdas que ha ido socavando la conciencia nacional so acusación de “franquismo”. Mas he aquí que hoy, cuando la conciencia nacional española ha quedado tan maltrecha que los separatistas han podido ocupar todo el campo sin resistencia, vienen aquellos zapadores a proponernos la reconstrucción según sus propios planos. Y aún pretenden que les hagamos caso y reverenciemos su espíritu constructivo. No, hombre, no.

La nación garantiza la pluralidad

El problema no es pequeño. Porque no estamos ante algo que pueda solucionarse en unas elecciones o con una medida administrativa, sino que asistimos a una fase especialmente delicada de un largo proceso. La textura de España es realmente plural: nuestras lenguas y nuestra forma de entender la organización de la nación son de verdad diferentes. Eso no se lo ha inventado el neocaciquismo autonómico: es un hecho histórico actualizado en el presente. Pero lo que ha hecho el neocaciquismo autonómico, y muy especialmente el aupado sobre partidos separatistas, es adherirse a esa realidad y chuparle la sangre como un parásito, convirtiendo un rasgo nacional –la pluralidad- en una enfermedad –la ruptura. La manifiesta mala fe de los partidos nacionalistas ha quebrado el mapa. Así que la solución pasa, nada menos, que por arrebatar la bandera de la pluralidad a quienes se han proclamado sus únicos representantes y, aún más grave, a quienes el propio sistema ha concedido calidad de tales: a los separatistas.

La solución no es fácil, pero es factible tanto jurídica como políticamente. El Estado –España- puede perfectamente hacerse cargo de la garantía de la pluralidad cultural y de la descentralización política, al mismo tiempo que garantiza también la unidad nacional y la solidaridad entre todos los ciudadanos sea cual fuere su territorio, que es la clave del Estado. Pero eso exigirá que el Estado –España- entienda que garantizar la pluralidad no significa fragmentar el poder en neocaciquismos ni entregarlo a quienes han usurpado la representación de las diferencias culturales e históricas.

Las medidas concretas que desde ámbitos dispares vienen proponiéndose en los últimos meses son de sentido común: que el bilingüismo en las comunidades con lengua propia sea un hecho real, y no un pretexto para imponer por ley la lengua singular; que la ley electoral se reforme para evitar la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas en el Congreso; que las competencias exclusivas del Estado queden fijadas por ley para impedir la desfiguración por estiramiento del Estado de las Autonomías; que el Senado adquiera realmente una función de cámara de representación territorial.

Todo ello exigirá una reforma de la Constitución. Pero exigirá previamente otras dos cosas mucho más importantes. Primero, que los dos grandes partidos se comprometan en un proyecto común para que España sea una –y sólo una- nación. Además, que todos, partidos y sociedad, asuman los conflictos que esta defensa de la nación comportará, porque los separatistas no estarán dispuestos a entregar las parcelas de poder que se les ha entregado. Conflictos que serán inevitables, pero que habrá que aprender a ver como indispensables: lo que está en juego es la supervivencia de España como agente histórico. No es poca cosa.

JOSÉ JAVIER ESPARZA. www.elmanifiesto.com

servido por gallos-de-marzo 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Ramsés ....

Ramsés .... dijo

Mientras se siga con tanta "manga ancha" con los separatistas no hay nada que hacer, y el partido en el poder tiene la idea, si gana las próximas elecciones, de seguir pactando con sucios terroristas, porque eso es lo único que son.

En ningún momento me parece mal que quien quiera hable su lengua vernacula o la de su región, pero de ahí a imponerla, como se hace en Cataluña, que multan a los comerciantes que no ponen el texto en catalán asi como cosas por el estilo, va un abismo.

Soy pesimista al respecto, se necesita un gran giro.

Y por supuesto, partir de la base de que con el terrorismo no se negocia, SE LE COMBATE Y ANIQUILA.

Saludos.

24 Septiembre 2007 | 10:21 AM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Pues yo estoy bastante de acuerdo con lo que comentas. La pluralidad cultural de España es un valor que se debe cultivar y respetar porque así lo demanda la tradición de nuestra Nación. Hasta la fecha, el concepto de lo español y de la Hispanidad se ha articulado en torno a la herencia cultural de Castilla y puede que esté sonando la hora para que otras regiones tomen el testigo e impriman a nuestro futuro un estilo diferente. (Me cuesta mucho trabajo razonar así por cuanto soy andaluz, es decir, castellano, y mantengo que nuestra cultura continúa dando en estos momentos síntomas claros de vigor, pero puede que eso sea pecado de etnocentrismo).
Lamentablemente, las elites de esas regiones han cometido traición a España y se han dedicado a cultivar lo local de un modo egoísta (esta es la crítica de José Antonio al nacionalismo) en lugar de abrirse a los otros pueblos peninsulares y proponer su liderazgo, tal como hizo la Castilla medieval. Si dejamos aparte la connivencia con los movimientos violentos y terroristas, el mayor reproche que puede hacerse a los movimientos separatistas desde la perspectiva azul es su falta de voluntad imperial, su lamentable conformismo por quedar circunscritos dentro de las "fronteras" de sus áreas de influencia cultural. Me pregunto por qué los separatistas vascos se conforman con Navarra cuando podrían llegar hasta Tarifa, o por qué los catalanes se circunscriben a eso de los "países catalanes" cuando podrían llegar hasta Lisboa. Amén, claro está, de que todo su imaginario nacionalista se basa en puras fantasías que no soportan el rigor histórico... pero eso es otro tema.

24 Septiembre 2007 | 05:35 PM

Wilfredo

Wilfredo dijo

¿Castellano=andaluz?
¿Les reprochas a a los nacionalistas vascos no ser expansionistas?¿Te olvidas de Navarra, territorio que reclaman como propio? Porque los nacionalistas catalanes también son expansionistas aunque en este caso también creas que sus "áreas de influencia cultural" coinciden con las que ellos reivindican Los valencianos no están muy de acuerdo y la historia no lo justifica en modo alguno.....
¿Qué territorios debería conquistar territorialmente España desde ese tu curioso punto de vista?
Quizás algunos no entienden que la vocación de imperio falangista no era una vocación de territorialidad sino de comunidad de sentimientos y de trascendencia.

26 Septiembre 2007 | 12:15 AM

Un tema interesante

Un tema interesante dijo

¿Castellano=Andaluz?.

Quizá se refiera a que los territorios hoy denominados Andalucía, fueron repoblados por castellanos.

26 Septiembre 2007 | 01:33 AM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Wilfredo: no se si has leíso detenidamente mi comentario anterior pues lo último que tenía en mente era algo tan simple como la expansión territorial. Me refería a la expansión cultural y me reafirmo en que otras comunidades culturales españolas diferentes a la castellana tienen derecho a liderar el proyecto nacional español. Les animo, pues, a mirar más allá de sus narices (actitud nacionalista) para mirar el ancho horizonte que se les presenta (actitud imperial). No me explico exactamente en qué contradice esto a tu correcta interpretación del hecho imperial como "comunidad de sentimientos y de trascendencia". Porque desde una perspectiva falangista, España está aún por hacer, es un quehacer revolucionario. Las páginas más brillantes de nuestra Historia no son sino brillantes chispazos y promesas de aquello que, juntos, podríamos llegar a conquistar. Lástima que quien mejor lo expresara fuera un poeta no-falangista, Gabriel Celaya: "somos bárbaros, sencillos / somos la muerte, lo ibero / que aún nunca logró mostrarse / puro, entero y verdadero".
Por lo demás, mucho tendrían que crecer las culturas autóctonas de Vasconia, Cataluña, Galacia, etc. como para poder sustituir a Castilla en el liderazgo de España. Por eso es más fácil conformarse con el propio terruño y limitar las ambiciones al ámbito local. Yo digo que esa es la verdadera traición del nacionalismo a España: poner su pujanza (que la tiene, ¿eh?) no al servicio de la comunidad de reinos que forman España sino, precisamente, al servicio de la decadencia de nuestra Nación.
Por lo demás, en efecto: el andaluz es el colono al que os referís.

26 Septiembre 2007 | 10:15 AM

Wilfredo

Wilfredo dijo

Gracias , Juan Ramón. Queda perfectamente aclarado. Quizás hacia falta esa matización a tu primer escrito con cuya argumentación, una vez hecha esa aclararación y complementado con el segundo, estoy totalmente de acuerdo.
Los falangistas siempre hemos sido defensores de la pluralidad lingüística de España ,enemigos del reduccionismo centralista de la derecha y también de los boicots a determinadas regiones que de vez en cuando amenaza con poner en práctica la derecha.
En catalán se escribían la mayor parte de las comunicaciones de la Falange catalana hasta el doble asesinato que se llevo a cabo y cuyas víctimas fueron José Antonio a manos de de la izquierda y aquella Falange originaria a manos de las fuezas reaccionarias capitaneadas por Franco.

Los que la amamos roja y negra, queremos una España rica en la diversidad de sus lenguas y des sus pueblos

Gora Espania
Visca Espanya
¡Arriba España!

26 Septiembre 2007 | 03:22 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Agustín de Foxa dice incluso que en privado José Antonio decía que la bandera española debía ser la catalana, por su antigüedad y por las glorias ganadas a su sombra.
Hombre, ocurre también que yo soy de cultura castellana y que tengo derecho a defender el liderazgo castellano de España frente a otras opciones. Además, somos más y con un acervo claramente superior. Por eso me quedo sólo con el Arriba España. Pero considero que lo expresado en mis intervenciones anteriores es la única solución real para superar el cáncer del separatismo.
Hay un problema de fondo mucho más complejo: establecer si en un mundo globalizado lo castellano, lo vasco y lo catalán son en verdad tan diferentes entre sí como se pretende. ¿Existe eso de las pertenencias naturales? Yo creo que no, que es más una cosa sociológica que de otra clase. Pero hoy día la política es más cuestión de Socilogía que de Filosofía.

26 Septiembre 2007 | 04:00 PM

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Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes.Reconocemos la dimensión religiosa del hombre y la realidad social de España mayoritariamente católica. No somos una corriente de pensamiento confesional, aunque nos inspiramos en una concepción cristiana de la vida.

Quisisteis ser el ascua en otro cerco

que enciendan acampadas venideras

en pos de ese sueño... siempre terco

atisbado en románticas quimeras

No quisisteis jamás dejar de serlo

a pesar de ver arriadas sus banderas

...no se deja de estar por no entreverlo

... no se deja de ser, por quedar fuera

Cinco flechas en distintas direcciones

apuntan, soportando el mismo yugo

buscando así atinar blanco seguro

Cinco mil distintas opiniones

vivifican y atemperan al verdugo

que quisiera ejecutar... Nuestro futuro

(Sancies)

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