La Coctelera

GALLOS DE MARZO

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28 Julio 2007

TEORÍA DEL CAMBIO

Hace falta un cambio. No es una consigna multitudinaria, capaz de arrojar a la gente a las calles blandiendo cacerolas. Se trata más bien de un juicio cauto, restringido a pequeños sectores cultos, de derecha y de izquierda (suponiendo que tales conceptos signifiquen algo todavía), con una evidente preocupación crítica hacia determinados aspectos genéricos de las sociedades democráticas.

Ese cambio tiene poco que ver con un famoso lema electoral, que en 1982 dio el triunfo electoral absoluto al Partido Socialista en España. Es de un calado diferente, de rango antropológico antes que político o sociológico. El cambio que se alienta concierne a los tipos humanos en presencia, y no hay nada más plástico e inclusivo en esta materia que el concepto de figura de Ernst Jünger: “una construcción ideal que por sí misma da cuenta del espíritu de un tiempo, una imagen que por su intensidad afectiva es capaz de expresar el aliento de los hombres en una situación dada, y de hacer que los hombres se reconozcan en ella”, según la definición magistral de José Javier Esparza.

Dos figuras aparentan hegemonía en estos tiempos extraños, que reclaman para sí la reflexión filosófica y el juicio sobre la necesidad del cambio. Tales figuras son: el liberto y el pragmático.

El liberto constituye el tipo humano más común. Se corresponde con el individuo que se cree recién liberado de alguna forma de nebulosa esclavitud, heredada de la noche de los tiempos. El liberto consagra cada pulsión de su vida a practicar y defender esa hipotética conquista. La esclavitud se ejercía, al parecer, en los ámbitos comunes de la pertenencia colectiva (la sociedad, la comunidad, el Estado, las iglesias, etc.); por ello, el ejercicio de la libertad privada, íntima e individualista, se erige a ojos del liberto como el bien supremo, Sólo la coerción moral sobre ese ejercicio activa socialmente al liberto, con una radicalidad muy superior a la que exhibe ante las regulaciones políticas o policiales de esa libertad. El liberto es, en esencia, un ser pasivo, hedonista y gregario cuyo alcance vital no parece ir más allá del salón de su casa, con una lata de cerveza, otra de aceitunas y una buena dosis de telebasura. Su advenimiento es bastante reciente, pues se vio demorado en la década de los 80 por la pujanza de otra figura, la del “buscador de la felicidad”. Como toda búsqueda, ésta entrañaba un trabajo, un esfuerzo, una voluntad asertiva que –por evolución natural hacia el mínimo esfuerzo- ha desaparecido del entorno del liberto, legándonos un tipo humano átono e idiotizado (en el sentido aristotélico del término.)

La segunda gran figura contemporánea es la del pragmático, el individuo que encara cada situación de la existencia desde la perspectiva del rendimiento y la maximación del beneficio. Su ideal de vida es obtener partido, réditos materiales crecientes y acumulables. La rentabilidad, la ganancia neta, es el bien supremo ante el cual las fuentes clásicas de la moralidad (Dios, el hombre, la naturaleza o el Gran Arquitecto del Universo, pongamos por caso) adquieren un tinte relativista. Lamentablemente, el pragmático no se contenta con circunscribir su actuación al mundo de los negocios, aunque es evidente que su presencia representa el último estadio de degeneración implícito en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, aquel donde el interés cobra plena autonomía respecto a los presupuestos morales y religiosos sobre los que se asienta. Con todo, el pragmático no es una figura exclusiva del capitalismo. En puridad: encarna también el ideal humano del contable, otra buena figura, horizonte antropológico propuesto por Kart Marx en el libro tercero de El Capital.

Son éstas, en suma, las figuras susceptibles de ser cambiadas por vías de una radical sustitución. Todo cuanto quede por debajo de este nivel de crítica está encaminado a apuntalar la decadencia de lo humano. Aunque toda propuesta de cambio está obligada a proponer figuras alternativas: el santo, el héroe, el sabio, el soldado, el artista, el mago, el campesino, el artesano, el trovador, el caballero, el maestro, el discípulo, los padres, los hijos y un sinfín de propuestas complementarias pujan por erigirse en figuras para los nuevos tiempos. También los hobbits, los elfos o los personajes de Pérez-Reverte, pues conocemos que la poesía es un arma cargada de futuro. Se trata de adoptar una figura como norma y forjarse la propia realidad cotidiana con arreglo a sus patrones de guía. En la propuesta de Alain de Benoist: 1. Fijar nuestra propia norma, y atenernos a ella. 2. No ceder. No plegarse. 3. Defender contra todos y aún contra uno mismo la idea que uno se hace de las cosas y que querría poder hacerse de sí mismo. 4. El honor: no faltar nunca a las normas que uno se ha dado. Poder estar orgulloso de uno mismo. 5. El modo como uno vive sus ideas vale más que esas ideas. El modo en que se vive vale más que lo que uno vive, y a veces más que la misma vida.

Hay mucho por hacer. Porque el cambio no acontecerá cuando lleguemos a ser muchos, sino cuando lleguemos a ser todos.

Juan Ramón Sánchez Carballido. www.elmanifiesto.com

servido por gallos-de-marzo 7 comentarios compártelo

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José Luis Martín

José Luis Martín dijo

Juan Ramón, en esta ocasión encuentro tus palabras rebosantes de fraternal coherencia.

Puede que sea porque es verano y estoy pasando unos días en un escenario donde se dan cita de manera más exagerada los arquetipos que describes. O a lo mejor porque durante el año, aún estando próximos a mí, el ritmo de trabajo y de vida que llevo no me permiten apreciarlos (gracias a Dios) en toda su magnitud -aunque verlos haylos y se les reconoce sin mucho esfuerzo, la verdad-.

Pero bueno, a pesar de las sobredosis de sol, presunción material, horterismo y egoismo variados, paellas y sangrías a las que nos exponemos y que son típicas en estas fechas, debería haber un cambio. Sin duda, y como cierras tu escrito, un cambio que se producirá cuando "estemos todos", antes imposible, ya que lo contrario sería seguir como hasta ahora (y no me refiro sólo a esa "unidad" con la que muchos soñamos).

La de trabajo que hay por hacer... Porque el Gran Hacedor nos ha regalado la libertad de actos, y con ello el/los camino/s ha seguir. Pero encontrar buenos capitanes para dirijir este maravilloso velero llamado vida, también es cosa nuestra, entre otras cosas gracias a ese invento que los más güais siguen llamando democracia.

Por eso creo importante vivir acorde con un estilo y estoy de acuerdo con Benoist en que "el modo como uno vive sus ideas vale más que esas ideas. El modo en que se vive vale más que lo que uno vive, y a veces más que la misma vida" (que se lo pregunten a Ruiz de la Hermosa, a Montero, a Onésimo... y a muchos otros de color diferente, también).

A ver si al final va a resultar cierto el dicho de que "no se nos puede dejar solos"... Yo creo que, desgraciadamente, la gente no encuentra modelos a seguir. Por supuesto, a eso súmale la falta de interés por la historia, la lectura, el análisis...

Un último pensamiento: ¿no se espanta la juventud con la referencia personal y espiritual que tienen, incluso, en sus propias casas?

Felices vacaciones a todos y hasta la vuelta con el nuevo curso, que me imagino comenzaremos en septiembre.

P.D.: Juan Ramón, me has dejado pensando (y eso es bueno). Julián, seguimos teniendo pendiente compartir una cena y un puro.

31 Julio 2007 | 05:46 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

ES muy importante observar cómo el último ámbito de discusión que nos va quedando es el de la ética o la moral, ya que el pensamiento único ha triunfado ya en el resto de los niveles: político, económico, social, cultural, etc. En términos éticos, pues, el problema radica en que cada cual se ha convertido en modelo de sí mismo y eso lleva a una especie de pensamiento circular: hago lo que quiero cuando quiero y eso es bueno porque nace de mi absoluta libertad, que es el criterio ético más elevado. Mi modelo soy yo mismo en posesión de mi absoluta voluntad de hacer lo que quiera. Paradójicamente, ese "hacer lo que quiera" suele acabar en un "no hacer nada", pues impera hoy una visión distorsionada de la libertad, al considerarla en oposición a cualquier expresión del Deber o de los deberes. El modelo es, por tanto, el del burgués (yo, como Flaubert, "llamo burgués a todo aquel que piensa bajamente").
Todo es consecuencia de un exceso de individualismo: "Ande yo caliente..." Y ese es el origen d etodo lo que nos acontece.
Yo del puro paso; no así de una buena cena en el Nica con corolario final de Bacardí.

1 Agosto 2007 | 09:33 AM

José Luis Martín

José Luis Martín dijo

Mientras podamos continuar discutiendo de ética y moral, las causas no se pueden dar por perdidas, ya que significa que estos dos valores todavía existen.

Mientras podamos continuar tomando como referencia a hombres y mujeres (ya sean de ayer o de hoy) con trayectoria, talento y capacidad de ilusionarnos a través del amor y el compromiso colectivo, el velero llamado "vida" continúa a flote, aunque de vez en cuando se tenga que enfrentar a uno u a otro temporal.

Mientras podamos continuar hablando de todo esto y nos siga preocupando la trayectoria de una empresa común y el futuro de quienes a ella pertenecen (aunque algunos renieguen y otros se crean en posesión de una importante diferencia histórico-folclórica con el resto de sus hermanos), la cosa marcha, al haber gentes que no creen ni en el individualismo ni en el egoismo.

Por eso pienso que es enriquecedor y positivo lugares como este blog, tus escritos y los de otros camaradas que por aquí y por allí se expresan y, por supuesto, nuestro reciente y esperanzado cuartel de invierno donde encontraremos trabajo y compromiso. Aunque algunos sólo vean las comidas y cenas celebradas y nos tachen por ello de burgueses.

¡Abajo el tedioso individualista!
¡Arriba España y el individuo!

P.D.: Juan Ramón, gran idea y gran final para la cena el corolario de Bacardí (una vez más, estoy contigo).

1 Agosto 2007 | 02:24 PM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

José Luis: me alegra comprobar una vez más que estamos en la misma línea. Yo creo que lo que me queda de falangista, después de tantas decepciones, es la satisfacción que me otorga el imitar a Ramiro en lo intelectual, a José Antonio en lo formal y "al" Rodrigo en lo espiritual. Me enorgullezco de reconocer que no hago otra cosa que imitar. Aunque no paso de ser un mal aprendiz, también he de decir que con los años he aprendido a improvisar. En cualquier caso, si yo tuviera un hijo en edad de plantearse preguntas profundas, le diría que buscara un buen modelo y que no se apartara de él jamás.
Claro que modelos dignos de seguirse hay muchos; por eso, si además tienes la infinita suerte de tropezar con un modelo que puedes compartir con gente de calidad (como tú y el resto de los camaradas), entonces, al final, tal vez puedas decir (en tu última hora) que has sido el protagonista de una vida digna de haber sido vivida. Quizás hayas renunciado con ello a una cierta porción de tu libertad; quizás no acabes ganando demasiado dinero. Pero, al final, morirás como un héroe... ético.

1 Agosto 2007 | 04:03 PM

José Luis Martín

José Luis Martín dijo

Juan Ramón: si a tu hijo le dieses el consejo del que me hablas, con seguridad te tomaría a ti como modelo.

Y te digo esto desde el conocimiento, ya que he tenido y continúo teniendo a mi padre como tal, entre otras cosas porque siempre que algo le he preguntado me ha respondido desde el ejemplo (¿qué son las palabras si no van acompañadas de hechos?).

Tal vez, piense como piense y haya adoptado como modelos los que he decidido que sean, porque en él veía un poquito de todos ellos, o viceversa, ya que a ellos no los conocí personalmente, aunque siempre tuve su pensamiento y obra a mi alcance (también tuve la de otros, pero decidí que debían ser ellos el modelo).

Por otra parte, camarada, de falangista no te queda ni mucho ni poco, te queda todo: inquietud, compromiso, falta de egoismo... En una palabra, ESTILO y, además, REVOLUCIONARIO.

Renuncio a esa porción de libertad y a ese dinero que por ser de más no necesito. A lo que no renuncio es a vivir la vida acorde con un ideal y unos valores ni, por supuesto, a compartirla con las personas a las que quiero ni con las que he decidido formar hermandad. ¿Acaso hay forma más satisfactoria de despedirse del tránsito terrenal?

3 Agosto 2007 | 02:28 AM

Juan Ramón

Juan Ramón dijo

Gracias, camarada. Pero no soy yo, es la Falange que vive en mí.

3 Agosto 2007 | 08:56 AM

Línea Torcida

Línea Torcida dijo

Línea Torcida nace como un blog de actualidad política y social y de opinión dentro del espectro político del nacionalismo revolucionario. El objetivo de Línea Torcida, por tanto, es convertirse en una de las voces del área nacionalrevolucionaria que actúan desde la red de redes. Línea Torcida adopta una actitud de completo rechazo ante el actual sistema capitalista y plutocrático. No obstante, Línea Torcida no pretende ser más auténtica, ni más revolucionaria, que ninguna otra plataforma, colectivo o portal NR.

El ser de Línea Torcida toma una voz disidente y contraria a la derecha clasista y burguesa y a la izquierda antiespañola e internacionalista. Una voz rebelde, renovada y revolucionaria.

Bienvenidos a Línea Torcida

http://lineatorcida.wordpress.com/

7 Agosto 2007 | 08:52 AM

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Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes

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