A mediados de los años 80 y empezando desde Burgos aparece un colectivo de antiguos miembros de FE JONS, SEU y Falanges Juveniles, los que editaban esta revista donde encontrareis verdaderas perlas que no queremos dejar pasar.
En muchos de sus pasajes encontrareis muchas similitudes con Gallos de Marzo.
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Parece que se va. Dicen que se va, pero ¿por fin se ira?
Cuando alguien se va aparece en nuestro interior un sentimiento de tristeza.
Tristeza: con él se ira una época que aunque nefasta no deja de ser nuestra época. Él no hay duda ha marcado una época en nuestra intrahistoria, una época caracterizada por la división, la ineptitud y la inoperancia. Como en el “Principio de Peter” pronto llegó a su “nivel de incompetencia”.
Se va como llegó: siendo una gran promesa, la eterna promesa. Nunca sirvió para nada, porque no vino a servir. Se rodeo de aduladores profesionales, ineptos políticos, de analfabetos funcionales y de los otros, además de toda fauna que hiciera posible su continuidad. Todo aquel que podía hacerle sombra o que osaba contradecir al “joven Cesar” era rápidamente depurado “de cualquier modo o manera”.
Es triste que se vaya sin darse cuenta de todo el mal que ha hecho, ¿cuantos jóvenes generosos que se nos acercaron, poco después se apartaban decepcionados, amargados o engañados? Hoy somos más los de fuera que los de dentro.
Dicen que se va, es una pena que no se hubiera ido hace 20 ó 30 años, hoy tendríamos la nostalgia de lo que hubiera podido ser: pero… se quedó, y por fin dice que se va.
Siguiendo el ejemplo y los pasos de su nefasto predecesor, se creyó como él “eternamente joven” y se creyó como él que “esto” era un cortijo de su propiedad. Pero…dice que se va.
Pero si se va… ¿Ahora qué? ¿A quién dejará, como “el otro”, heredero a titulo de rey? ¿Encontrará, como “el otro”, un idiota en el que poner la corona? Ha tenido tiempo para dejar una organización y no una mesnada, ha tenido tiempo para dejar un grupo preparado y no a los de siempre. Pero si se hubiera ocupado de dejar un grupo organizado, serio, trabajador y sobre todo preparado, haría ya mucho tiempo que le habrían dado una patada “allí en donde la espalda pierde su casto nombre”. ¡Es una pena!
Ahora que dice que se va aparecerán las plañideras de turno: aduladores y enchufados, que intuyendo su propia caída intentarán convencer al “eternamente joven” de que si se va detrás de él: el caos. Cuando él es el caos.
La única forma que le añoremos sería que como su nefasto predecesor dejará alguien más inepto que él (¡que ya es difícil!)
Dicen que se va. ¡Bien ido sea! Como en la canción: “que se vaya, se vaya, se vaya, que se vaya y no vuelva más”.
¿Necesitan la Falange y el Nacional-sindicalismo de auxiliares pseudo-filosóficos? ¿Deben hallar un fundamento teórico más allá de la reflexión –a un tiempo cristiana y agnóstica- de sus fundadores? ¿Tendría que apoyarse en corrientes de opinión secundarias pero aceptadas por el sistema de ideas imperante para ganar respetabilidad?
Es lo que parecen pretender algunos camaradas “seducidos” por la moda “personalista-cristiana”. No obstante, este nuevo tópico empieza a cansar de tan repetido. Quizás no esté de más proponer una caracterización crítica de este nuevo “Santo Grial” para despistados. Una crítica propuesta no por un autor neo-pagano, precisamente, ni publicada en una revista sospechosa de proximidad a la “Nueva Derecha”.
Y de cobijarse el falangismo bajo el ala protectora de Mounier, López Quintás,o Jordi Pujol, personalistas cristiamos los tres, ¿cuál sería la postura de Gallos de Marzo?
Pues la de siempre: ¡Más Ramiro y menos cuentos chinos!
Revista Arbil nº 61
Anotaciones críticas sobre el personalismo.
José J. Escandell. Instituto de Humanidad Angel Ayala - CEU. Madrid
Debo comenzar este trabajo curándome en salud y, como me voy a centrar en los aspectos negativos del personalismo, dejaré ya ahora constancia de que el personalismo tiene también sus aciertos. Pero con la misma claridad con que afirmo esto, y sin ningún rodeo, pasaré a enunciar esas limitaciones, en la medida en que ello es factible en un trabajo breve como debe serlo éste. También creo necesario dejar dicho al principio que mis observaciones al personalismo serán generales y, si se me permite la expresión, poco personales. No es ahora el momento de pormenorizar, sino simplemente el de dejar situadas las grandes cuestiones críticas en sus rasgos básicos. Pasemos al asunto.
Ha de consignarse en primer lugar un problema de menor cuantía, que es el de la determinación de lo que se deba entender por «personalismo». En rigor y puridad, todo el mundo sabe que el personalismo es una corriente moderna de pensamiento que, habiendo nacido con E. Mounier, tuvo una cierta continuación en las obras de Nédoncelle y otros. Pero es frecuente que «personalismo» se tome en un más amplio sentido y ya no es posible tener una nómina uniforme de autores a los que les cuadre esa denominación. En este caso, de ser una corriente de pensamiento determinada pasa a ser una mentalidad y un espíritu difuso, de modo que llegan a ser mencionados como personalistas personajes variadísimos en calidad y en inspiración y no es fácil saber qué es lo que los une. Junto a Mounier y Nédoncelle son clasificados como personalistas en este sentido amplio Maritain, Buber, Wojtyla, Scheler, López Quintás, Marías, C. Díaz, Spaemann y muchos más. Naturalmente, hay quienes arrastrados por el entusiasmo meten también en este saco a Platón, a San Agustín, a Santo Tomás o a Kant. La pregunta por el factor común que los reúne a todos acaba encontrando por respuesta que, salvo los grandes genocidas o comeniños, todos los demás, filántropos y humanistas, son personalistas.
Así, pues, al problema de la vaguedad con que se circunscribe el personalismo sigue, como más fundamental y decisivo, el de su caracterización. Porque la cosa no se puede dar por seria y satisfactoriamente solventada con decir que el personalismo consiste en el gusto por reflexionar acerca de la persona y en el afán por subrayar su alto valor o dignidad: este es el personalismo en el sentido vago y amplio al que me he referido. Veamos por qué esto es así.
La predilección por un tema no es suficiente para justificar la existencia de una escuela de pensamiento. Pues la misma razón obligaría a decir que la física cuántica es una escuela, o que lo es la teoría acerca de la música árabe. Una teoría o un estudio no es una escuela o una corriente de pensamiento. Y esto es tan obvio como fastidioso el emplear tiempo en escribirlo.
Cosa distinta es pretender que la «teoría de la persona» sea el colmo y el centro de la filosofía o, en general, del pensamiento. Sencillamente hay que decir que eso no es verdad. El centro de la especulación lo es el ser en cuanto tal, y no la persona. Las personas son sólo una clase de seres, por mucho que, sin duda de ningún género, pue-dan ser la clase superior de los seres. Si no todo ser es persona, entonces ha de reconocerse que el ser es más fundamental que la personalidad (o que el ser persona); pues, en efecto, para ser persona, primero hay que ser. Luego, patentemente, el ser es más importante que el ser persona, ya que ésta, sin él, no sería nada.
Cosa distinta es lo que se pueda decir acerca de nuestro conocimiento y trato con Dios. Algunos personalistas católicos abusan del pensamiento y de la fe que profesan al proponer unas indebidas interferencias entre la filosofía y la teología. Así sucede, por ejemplo, cuando se ha llegado a afirmar que Dios, dado que tiene que ser persona, tiene también que ser trino, puesto que -según se argumenta- si no fuera así, si sólo fuera «uno», estaría sólo y aislado. Llegados a este punto el personalismo parece perder el norte.
Con abusiva reducción, provocada quizá por el apresuramiento, los personalistas con frecuencia utilizan «persona» en el sentido de «persona humana», pero no lo dicen. Dejan así en la sombra a las personas que no son humanas, como es el caso de los ángeles (o inteligencias separadas, cuya existencia nos es certificada por la fe) y el caso de Dios (cuya trinidad de personas también nos consta por la revelación, aunque con nuestras solas fuerzas intelectuales podamos conocer con certeza su condición personal). Este hecho, que en primera instancia es una simple imprecisión, termina fácilmente por constituir un abuso. Y lo es cuando, sobre todo, con «persona» se sustituye siempre a la palabra «hombre». A algunos personalistas parece no gustarles que a los hombres se les llame «hombres», sino que en todos los casos, en vez de «hombre», prefieren que se diga «persona». ¿Por qué?
El esquema lógico que parece emplearse es el siguiente: se llama «persona» a lo que destaca por encima de todas las cosas del mundo; es así que el hombre destaca por encima de todas las cosas del mundo por… (las razones que sean); luego el hombre propiamente debe ser llamado «persona». - Y es verdad, sin ningún género de duda, la supremacía del hombre en el reino de lo material, pero no hay que exagerar. Al fin y al cabo, la supremacía del hombre entre los demás seres materiales, ¿no se debe al hecho de ser hombre? ¿O es el hombre superior a todo lo material «a pesar» y al margen de ser hombre?
Para algunos personalistas, decir del hombre que es hombre es decir poco. Hay que llamarle «persona», insisten. Y ello, porque con «hombre» se significa, según es usual hacerlo, una naturaleza específica; esto no parece aceptable para esos personalistas. En este sentido, suelen rechazar la idea clásica del hombre como «animal racional», en lo cual ceden a las sugestiones y críticas de las filosofías que reducen la naturaleza humana, en cuanto tal, a algo común con los animales.
Frente a esta claudicación personalista, debe reivindicarse la naturaleza humana en sus justos términos. Y debe reivindicarse con toda la fuerza la genial idea del hombre como «animal racional», como una racionalidad acomodada a una forma sensorial de vida. Los personalistas no suelen aceptar que la racionalidad incluya el espíritu y las tendencias a la vida social y los afectos, sino que conceden a ciertas corrientes modernas de pensamiento que la racionalidad es fría, abstracta, inhumana e… impersonal. Nunca la han concebido así ni Aristóteles ni Santo Tomás y no es necesario disentir de ellos.
Al final, ser persona viene a consistir, para algunos personalistas, en ser «algo más» que simple hombre. Pero, ¿cómo es ello posible? Al fin y al cabo, todas nuestras características -sean animales o no, sean espirituales o no- dependen, de una u otra forma, de lo que nosotros somos; y lo que nosotros somos es exactamente lo que llamamos «naturaleza humana». ¿Qué se nos podría añadir de modo que ese algo nuevo no formara parte de lo que nosotros somos? La cosa es, francamente, descabellada. - Esta pretensión de un «algo más», por otra parte, deja abierta la puerta a que se puedan distinguir hombres-personas y hombres-no-personas: por ejemplo, ¿por qué no los fetos humanos, o los enfermos graves, o los ancianos…? La cuestión es delicada, como es claro.
En la filosofía tomista, ser persona es distinto de ser hombre. Esto es obvio si se tiene en cuenta que hay personas no humanas, como antes he recordado. Para ser persona hay que ser un individuo completo dotado de racionalidad (y por eso, por ejemplo, el alma separada de los difuntos no es persona: porque es un individuo incompleto). Ahora bien, para numerosos personalistas, ser persona no es ser un individuo racional, sino tener aquello que marca al hombre como un ser que está más allá del mundo físico, por encima del mundo que le rodea. Para unos autores, lo distintivo de la persona es la libertad; para otros, es la necesidad de relaciones con otras personas; para otros, la capacidad simbólica, o la sociabilidad, etc. ahora bien, como esos personalistas no quieren saber nada de naturaleza, sustancia, racionalidad, definiciones y conceptos semejantes, sus observaciones, a veces muy agudas, dejan la imagen del hombre convertida en un puzzle sin orden ni apoyo.
Numerosos personalistas manifiestan, desgraciadamente, una gran ignorancia de los conceptos clásicos, y las críticas que les enfrentan son con frecuencia pueriles y, muchas veces, simplemente desdeñosas. En el mejor de los casos hacen declaración solemne de reverencia hacia Aristóteles o Santo Tomás; pero tras la reverencia vuelven la espalda como quien ha cumplido un rito quizá incómodo y ya vacío de sentido. Sus tesis y análisis, como es lógico, no suelen ser conciliables con las tesis y análisis de los respetados maestros.
Los argumentos, por ejemplo, de algunos personalistas contra una definición, o cuasi definición, de la persona, son tan caprichosos como retóricos. Para muchos personalistas, pedir una definición de la persona es pedir un imposible. La persona -dicen rotundamente- no se define y no puede ser definida. Todo lo resuelven diciendo que la persona es un «quién» y no un «qué» y que las definiciones son la respuesta a la pregunta por el «qué» de una cosa. Debe reconocerse que la distinción de marras entre «qué» y «quién» suena seductoramente, pero aunque lamento estropear una expresión con esta ingeniosa fuerza retórica, es necesario decir que nada puede ser un «quién» sin que sea un «qué». No hay «quién» sin «qué». ¿O ni tan siquiera hay un «qué» del ser un «quién»? Las palabras son frágiles. Al fin y al cabo, sin tener el «qué» de hombre, nadie ni nada puede ser un «quién» humano (ni sin tener el «qué» de Dios puede Dios ser un «quién» divino, o tres divinos «quiénes»).
El hecho de que los personalistas frecuentemente apelen a los sentimientos y a la afectividad frente a la racionalidad tiene su coherente prolongación en que los escritos personalistas acaben siendo más propuestas morales y programas sociales que análisis teóricos. Se diría que los personalistas tienen un cierto déficit especulativo y de fundamentación. Algunos rechazan la metafísica y no quieren saber nada (de hecho, algunos no saben absolutamente nada) de lógica ni de filosofía de la naturaleza. Se encuentran a su sabor hablando de lo que el hombre (perdón: la persona) debe hacer, sin haber determinado suficientemente qué es esa persona. Con esta actitud, los personalistas acaban siendo más bien predicadores, o agitadores sociales, o altos dirigentes de la historia, que pensadores.
El personalismo no constituye, por todo ello, una verdadera nueva vía para el pensamiento. Su pretendida originalidad lo es al precio de malbaratar, por prurito de eficacia y de modernidad, el sólido y riguroso pensamiento que nos ha precedido (incluido el moderno).
El ser humano tiene una dignidad según la cual es más valioso que cualquier otra realidad física. Pero el ser humano, la persona humana, no es dueño absoluto ni del mundo ni de sí mismo. El hombre no es un ser autónomo que pueda hacer con su vida, y con el mundo, lo que le venga en gana. Cada hombre es sólo administrador del mundo, pastor y cuidador de la realidad infrahumana; y tampoco puede disponer de sí mismo en un sentido absoluto y total. Sin reducirse a ser un ser para la muerte, ni un ser destinado a disolverse en la sociedad o en la historia, tampoco el hombre es más que una criatura, cuya plena realización no se encuentra sino en Dios, que es -Él sí- el Señor de la historia. En este sentido, el personalismo olvida que el hombre también es medio y no sólo y únicamente fin: medio de Dios para la realización de «su» historia.
La historia reciente y especialmente los grandes procesos revolucionarios han tratado de ser explicados, analizados y recreados mediante imágenes atrayentes. Aunque el documental, especialmente a partir de las innovaciones estéticas y de construcción de la realizadora alemana Leni Reifenstahl (Olimpia, 1936; El triunfo de la Voluntad,1936-38) ha sido el vehículo fundamental de difusión histórica, el cine de ficción ha resultado ser el elemento épico y retórico más importante para llevar a cabo esa labor didáctica y de socialización popular de los sucesos históricos. En algunos casos, como en el film El Acorazado Potemkin (S. M. Eisenstein,19 25), la grandiosidad, brillantez y entusiasmo de la revolución soviética fueron evocados magistralmente por el maestro soviético (recordemos la escena de la represión de la escalera de Odessa), aunque casi todas las situaciones fueron pura y simplemente inventadas y recreadas por el director [i].
En España, la Guerra Civil ha sido uno de los acontecimientos que más tinta y materiales audiovisuales ha generado. Sin embargo, se ha producido un fenómeno paradójico. De los más de 600 títulos conservados en la Filmoteca Española, 460 corresponden al bando republicano y solo 126 al que ganó la guerra. Aparecen como no localizados:227 títulos republicanos, 35 neutrales y solo 6 nacionalistas. Pues bien , si nos centramos exclusivamente en el análisis de la propaganda o glosa filmada de la ideología del fundador de la Falange (de José-Antonio Primo de Rivera sólo hay constancia de doce referencias documentales, casi todas necrológicas, de las cuales, cinco son de procedencia extranjera) [ii],encontramos únicamente un film dramático o de ficción que trata de reflejar la participación de la resistencia falangista en el Madrid republicano durante la contienda civil: ROJO Y NEGRO, dirigido por Carlos Arévalo a finales de1941 y principios de 1942 y producido por CEPICSA. Estrenada en el cine Capitol el lunes 25 de mayo de 1942 (coincidiendo con el regreso a Madrid de el primer contingente de voluntarios de la División Azul) y con el patrocinio de la Asociación de la Prensa, a las tres semanas desapareció misteriosamente de las carteleras, siendo prohibida gracias a las presiones de altas jerarquías (posiblemente militares, por lo que luego veremos). A mediados de los noventa (bajo una espesísima capa de polvo) apareció una copia de este film en los antiguos locales de la productora madrileña. La Filmoteca Española la exhibió, con gran éxito, en un ciclo sobre cine de postguerra. La presencia y visionado del film en certámenes cinematográficos y facultades universitarias ha sorprendido siempre gratamente a los espectadores.
Se trata del único film protagonizado por una mujer falangista (interpretada por la actriz Conchita Montenegro) que tiene un novio comunista libertario dirigente de la checa de Fomento (papel encarnado por el inolvidable Ismael Merlo). El poco sospechoso de veleidades joseantonianas, el historiador de cine Carlos Fernández Cuenca ha dejado escrito acerca de este film lo siguiente:
“Sin duda, el único filme de auténtica concepción falangista que se ha realizado, desde la alusión en el título de los colores de la bandera de Falange Española hasta la declarada filiación de la protagonista y de sus camaradas a los ideales y a las conductas que la acción exalta.Quizá el valor predominante que, en la consideración histórica, deba reconocerse a esta película es el hecho de ser uno de los primeros testimonios cinematográficos en que aparece el concepto de resistencia: resistencia antimarxista, claro está, pero no inferior en autenticidad ni en intensidad a la resistencia antifascista que después veríamos reflejada en muchas producciones italianas, alemanas, soviéticas, checas, polacas, etc[iii]
Ficha Técnica.-
ROJO y NEGRO.-(1942). Argumento, guión y dirección: Carlos Arévalo.
Productora: CEPICSA (Compañía Española de propaganda Industrial y Cinematográfica,S.A.)
José Antonio que siempre habla de un Movimiento político no fue capaz, por la época, el poco tiempo del que dispuso y por las circunstancias políticas que le correspondió vivir organizarlo. Un movimiento es definido por la Real Academia: 1º “Acción y efecto de moverse de posición”, y también lo define como: “Desarrollo y propagación de una tendencia religiosa, política, social, estética, etc. de carácter innovador”. Las dos definiciones le vienen como anillo al dedo a la idea que José Antonio tiene de lo que ha de ser la organización del Nacional-Sindicalismo, repito a la idea que José Antonio tiene de su organización que como se puede comprobar fácilmente no tiene nada que ver con la realidad de todas y cada una de las banderías en las que está dividida la actual Falange.
En la organización inicial del partido falangista ya sea por la influencia de Julio Ruiz de Alda y por las circunstancias socio-políticas del momento lo que se organizó fue un ejército: Jefe Nacional, escuadras, centurias, con sus jefaturas de recompensas,prensa y propaganda, primera línea, etc. todo ello en orden de combate. Es evidente que la Falange fundacional pensaba alcanzar el poder como resultado de un acto, llamémosle, militar. Hemos defendido y defenderemos que los principios y valores que defendió el Nacional-Sindicalismo están de plena vigencia, discutiremos si todos los desarrollos de estos principios lo están o no, pero de lo que si estamos absolutamente convencidos es que la estructura del partido Falange Española de las JONS está obsoleta y es anacrónica y lo que es más evidente lastra e impide cualquier capacidad de acción política. Mientras la actual estructura organizativa (por decir algo) no sea absolutamente demolida y en su lugar levantada otra que pueda servir para una acción política seria y sobre todo eficaz todo intento de resurgimiento falangista será estéril, es apremiante desmilitarizar la Falange no sólo por eficacia, que también, sino por convencimiento, por sentido común.
La animadversión que José Antonio tiene por los partidos políticos viene en gran medida dado por la que siente por el sistema electoral: unas listas cerradas donde al lado de la persona que tu quieres votar te hacen cargar con una recua de parásitos desconocido y puestos de relleno para más gloria del partido en liza, unas listas que no han sido elegidas previamente por los militantes de este partido sino por eso que hemos llamado “el aparto” y que no es más que un geto de intereses ajenos cuando no contrarios a las necesidades y aspiraciones nacionales; solución de problemas que ellos han creado o que no existen y despreocupación por los verdaderos problemas que lastran la vida de los ciudadanos. Un sistema electoral donde no se votan ni personas ni menos aún ideas, programas o soluciones sólo se vota al partido, campañas electorales que no sirven para presentar ideas, programas y soluciones sino que son el escenario que sirve para insultar, difamar, amenazar no sólo al contrario sino también a la inteligencia y a la razón.
De una vez por todas, los Nacional-Sindicalistas han de poner en pie un Movimiento Político, en el que pueda tener cabida un partido, pero en el que pueda ser posible como en la definición de la Real Academia: “Acción y efecto de moverse de posición”. No olvidar que aquello que el franquismo llamó Movimiento Nacional ha pasado a la historia como el signo y el paradigma del inmovilismo. “Lo muerto no se mueve, se entierra”.
En el PSOE, primero le dieron la patada de Charlot a Nicolás redondo Terreros para así poderse acercar con más comodidad a los nacionalistas, incluyendo a ETA. Paralelamente en el P.P. se libraron de Alejo Vidal Cuadras para caer simpáticos al Sr. Pujol y a los nacionalistas catalanes. Al Sr. Gregorio Ordóñez no hubo tiempo de echarle, ETA se les adelantó,
Después en el PSOE Rosa Díaz a la que habían ido, con habilidad, desplazando hacia Bruselas, tuvo que plantarse y decir “basta ya”. En Cataluña ya se habían librado de Pascual Margall y puesto al Sr. Montilla más maleable y complaciente con ZP. En el P.P. habían mandado al “cementerio de los elefantes” (léase Bruselas) a Mayor Oreja y poniendo a María San Gil, a la que consideraban “buena chica”, pensaron que todo el camino estaba allanado, pero, mira por donde, la “buena chica” no era tonta y además era honrada, por lo que se vio obligada a dejar la presidencia del P.P. en el País Vasco.
Las buenas de Rosa Díaz y María San Gil se equivocan totalmente al considerar que es un fallo sólo de sus dirigentes y de sus partidos (que también) cuando lo que falla es el Sistema: La Constitución del 78.
Las actuales derivas tanto del P.P. como del PSOE vienen dadas por la absurda Ley Electoral que consagra nuestra Constitución. El PSOE lo mismo que el P.P. están dirigidos desde “arriba” ha convertirse en partidos federalistas con ZP y “Marianico el corto” como grandes prebostes capaces de pasar por todo, y cuando digo todo quiero decir todo, antes de perder sus poltronas.
Es urgente y necesario sustituir la actual Constitución antinacional, separatista y antidemocrática por una constitución que asegure la democracia y que de una vez por todas le dé el poder a la sociedad, organizada en sus órganos naturales quitándoselo al Estado: “Más sociedad y menos Estado”. Hay que profundizar en la democracia: hay que descentralizar las Autonomías en los municipios. España ha de ser una “federación de municipios libres”. Sustituir la Monarquía por una republicasocial, las nacionalidades por una única Nacionalidad: la española, la Ley electoral por una que asegure “un hombre un voto” y que todos los votos cuenten lo mismo sin tener en cuenta donde han sido emitidos, listas abiertas, y un largo etc.
Si Rosa Díaz con su “Progreso y Democracia” no es capaz de ver esto tarde o temprano seguirá el camino de los demás partidos del arco parlamentario. El problema no es retocar la Constitución para que la hija de la divorciada y el Borbón pueda reinar, el problema es librarnos de una vez de aquellos que han considerado que España es un cortijo de su propiedad.
Hay que democratizar urgentemente los partidos políticos y los sindicatos, nidos de mafiosos y mangantes profesionales que han hecho de lo que debiera ser una elevada misiónun contubernio de delincuentes y traidores.
Queridas Rosa y Maria ya habéis dado el primer paso, no os quedéis ahí, atreveros a dar el salto, todo lo demás será pan para hoy y hambre para mañana.
“Los Gallos de Marzo”, son gallos libres que gustan de picotear donde quieren y con quien quieren, son eso que se llama “pica suelos”, en contraposición con esos gallos de corral que se alimentan de piensos de marca extranjera y grano caro. Los “Gallos de Marzo” mientras picotean, aquí y allá, van conociendo la realidad a ras de suelo y al tiempo van descubriendo que todavía hay, y más de lo que se puede pensar, gallos libres, orgullosos y sobre todo gallos capaces de ver que “ya está alzada la bandera” y están dispuestos a defenderla “alegremente, poéticamente”, lejos, muy lejos del gesto adusto y agresivo de muchos gallos de corral.
Es sorprendente esa manía obsesiva que hay en hacer de “Los Gallos de Marzo” gallos de corral, gallos de partido. Tenemos que afirmar que se puede militar en un partido o en una idea. Para militar en un partido sólo hace falta eso: tener un partido. Para militar en la idea sólo hace falta eso: tener ideas.
El error de los gallos de corral es creerse que de la militancia en el corral (léase partido) tarde o temprano surgirá la idea. De la militancia en el partido (léase corral) sólo salen, y a las pruebas me remito, conspiraciones y ambiciones personales que siempre desembocan en fabricarse un corralito nuevo a la medida de la faldi-corta ambición de sus protagonistas. Habría que hacer un catálogo de la cantidad de corralitos que se han habilitado nuestros gallos de corral y sobre todo de la diversidad de extraños compañeros con los que los han compartido.
De la militancia en la idea, salen nuevas ideas y hasta puede salir un corral (léase partido), pero sólo un partido (léase corral) al servicio de la idea, un partido como instrumento y no como un fin.
Dejemos pues, a nuestros “Gallos de Marzo” picotear libremente de aquí para allá, aunque lo que piquen sea un cocidito madrileño, un cochinillo segoviano o un pote gallego. Como siempre “Los Gallos de Marzo” están dispuestos a compartir su picoteo con todo el militante que en cualquier corralito campee, claro está mientras este sea “azul Mahon, neto y proletario”, sin condimentos ni conservantes.
¿Qué no lo entendéis? Ya nos habíamos dado cuenta, pero si abrís alguna vez la ventana de vuestro corralito podréis oír el KIKIRIKI de estos “Gallos de Marzo” que alegremente, poéticamente anuncian el Nuevo Amanecer.
Cuando nacen las palabras, nacen con un significado. Toda palabra “define” una realidad concreta, pero el uso, el abuso y sobre todo el mal uso, en muchos casos interesado, acaba por cambiar el significado de las palabras. En unos casos este cambio es un cambio natural: cuando cambia la realidad que se nombra con esta palabra normalmente no se cambia la palabra, con lo que al cabo de un tiempo este vocablo puede definir otra cosa.
En otros casos el cambio es “interesado”, es propiciado para defender o justificar los intereses propios. Este último caso se produce con bastante asiduidad en la política.
La Falange también se ha visto inmersa en este fenómeno semántico, unas veces de forma “natural”, al cambiar la realidad nacional, también aunque halla quién no lo acepte, cambia el concepto Falange. Otras veces, las más, la actuación interesada de los unos y de los otros, de los de dentro y de los de fuera han conseguido que al decir Falange sea imposible reconocer a que realidad se hace referencia.
Ante esta realidad semántica que nos circunda cuando alguien (que alguien queda) se define como “falangista” ¿a qué se refiere?
En la Falange se ha reescrito su historia, unas veces por los de fuera que han querido confundirla con los fascismos, el franquismo, la extrema derecha y el pistolerismo. Y otras, y no las menos, por los de dentro, por los mal llamados neo-falangistas. Entiéndase por neo-falangistas todos aquellos que recogiendo de una forma parcial, sesgada o mal-intencionada el legado de José Antonio, lo usan como un chicle, que estiran allí donde les interesa, para hacerse una Falange a su medida, a la medida de su mediocridad y que han confundido, de forma interesada, a la Falange con la extrema derecha, el franquismo, el nacional-catolicismo, la internacional fascista (los Le Pen de turno) y recientemente con esa fauna semi demente de Skinds, Ultra Sur, rapados y ultra nacionalistas españoles retrógrados próximos al PP.
Los diversos y distantes grupos, grupúsculos y reuniones de amiguetes que componen el variopinto espectro falangista ¿de quién son herederos? Los espurios y variados jefes nacionales ¿son herederos de José Antonio? o ¿sólo lo son de ellos mismos, de su vanidad, de su estulticia o de sus bastardos intereses personales?
La actual atomización falangista no es casual y responde a diversos y complejos factores históricos y de identidad. La herencia recibida está tan enmarañada, que sólo con una reflexión seria y profunda podría ser una herencia fecunda, no sólo para la Falange, sino y, es lo más importante, para el devenir histórico de España.
En la concepción joseantoniana lo nacional y lo social –sindicalismo- han de ir irrevocablemente unidos. Toda separación es una traición al pensamiento fundacional, por eso algunos gustamos de escribir unidos los dos vocablos: Nacional-Sindicalismo. De la época de la falsificación de la Falange nos queda el énfasis en lo nacional y el olvido de lo social -el sindicalismo-, pero eso forma parte de la derechización interesada de la Falange.
Hoy no existe la Falange, hoy sólo existen falangistas, falangistas dispersos, desorientados y confusos. Las múltiples falanges actuales se distinguen por media docena de frases, no siempre bien asimiladas, del acerbo joseantoniano. La reflexión, el estudio, la organización, el trabajo callado y continuado y el estilo brillan por su ausencia.
La tragedia de la Falange es: que en las falanges no son todos los que están. Y eso hay que decirlo con claridad, en las falanges ha habido y hay falangistas y “fandanguistas”, que suena casi lo mismo, pero no es lo mismo. Las falanges también tienen (aunque no en la misma cantidad), elementos cuya única profesión conocida ha sido y es la de falangista, mangantes profesionales, recuerdo la acertada frase: “cuando oigo que alguien me llama camarada, echo mano a mi cartera”, y últimamente esa fauna asilvestrada de Skig y ultras de fútbol que usan entre su variada parafernalia los signos externos falangistas para sus litronas y sus fechorías.
También hay gentes de buena voluntad que sin ser falangistas, confunden y confundieron, por una falta total de formación o por una nefanda actuación de las falanges, el ideal Nacional-Sindicalista. Todas estas personas de origen reaccionario y de derechas, tarde o temprano, si la Falange recupera su pulso revolucionario, regresaran a los mal llamados frentes nacionales de los que nunca debieron salir.
De una vez por todas hay que distinguir y separar lo accesorio de lo fundamental, lo anecdótico de lo intemporal.
Se puede comprobar, advirtiendo que el pensamiento de los “iniciadores” del movimiento Nacional-Sindicalista evoluciona progresivamente de un estatalismo –de influencia italiana- a una tendencia de autogestión sindical; son sintomáticas las conversaciones con elementos de la CNT (reducto español del sindicalismo revolucionario, bajo la influencia política del anarquismo) y, más concretamente, con el líder Ángel Pestaña, de los llamados treintistas, creador del Partido Sindicalista.
La herencia del sindicalismo tradicional español –incluso en su vertiente anarquista- se hace patente en la visión económica y social del Nacional-Sindicalismo; en síntesis, podemos decir que éste no es más que la nacionalización del sindicalismo, y si este se puede dividir en reivindicativo, que aspira a obtener ventajas dentro del sistema y revolucionario, que pretende sustituirlo por otro más justo; el Nacional-Sindicalismo, nacionaliza fundamentalmente el segundo, el revolucionario.
Asimismo, un sindicalismo, no es revolucionario, en cuanto a sus estructuras, sino, ante todo, en cuanto a sus principios; la estructura puede variar según lo aconseje las circunstancias, mientras que los principios sustenten toda la arquitectura social de la nación.
Hoy que hay “falangistas” reformistas, regeneracionistas o progresistas, hay que afirmar con rotundidad: “Que una Falange que no es revolucionaria no es la Falange de José Antonio, de Ramiro, de Onésimo y de Julio”. Una Falange que no es revolucionaria se convierte en una organización reaccionaria y de extrema derecha.
En la época fundacional el Diario ABC llamaba a la Falange la FAILANGE. A lo que años después David Jato añadiría: “Mientras no nos llamen otra vez Failangistas no será posible la Falange”.
Falange y Nacional-Sindicalismo son conceptos inseparables. La Falange es el continente y el Nacional-Sindicalismo es el contenido. El Nacional-Sindicalismo son aquellas formulas políticas y sociales que realizan la doctrina de la Falange. La Falange es una concepción política iniciada por Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo Ortega, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera para salvar a España. La Falange, sin el Nacional-Sindicalismo no es nada, por más que algún reaccionario de derechas quiera hacer de la Falange una sucursal de alguna orden o movimiento religioso, que, en ningún momento estuvo en la mente de sus “iniciadores”. La Falange sin el Nacional-Sindicalismo se convertiría en un grupo de extrema derecha más, de esos que claman por los frentes nacionales, pero también hay que afirmar que el Nacional-Sindicalismo sin la Falange, tampoco es nada, pues cualquier contenido que se separa del continente se desparrama. Conseguir esta separación entre la Falange y Nacional-Sindicalismo, por estos grupúsculos de extrema derecha, que desde siempre han aspirado a que la Falange sea la fuerza zipaya del capitalismo, es el objetivo, incomprensible, de los que pretenden separar e, incluso, enfrentar a los iniciadores de Falange Española de las JONS.
Hay que descarnar a la Falange de las adherencias sufridas desde su fundación: las adherencias del tiempo fundacional: militarismo y fascismo, las adherencias de la guerra civil: gorritos cuarteleros, trinchas, botas militares, chapas (léase condecoraciones, distintivos de mando, etc.), las adherencias del franquismo: Nacional-Catolicismo, la retórica vacía y demagógica, derechización y de la obsesión de resucitar el Movimiento Nacional en forma de frentes nacionales, en especial con la extrema derecha. En la Falange de una vez por todas hay que enterrar tanto al franquismo como al antifranquismo de sus filas. ¡Franco ha muerto, descanse en paz!
Reitero: hoy es más urgente que nunca limpiar a la Falange de todo lo que le es ajeno.
Carguemos con nuestra historia, con toda nuestra historia, con sus errores y sus aciertos, pero no carguemos con toda la basura del estercolero político español. Esa no nos pertenece. No basta con decirse falangista. No basta con comprarse una camisa azul. Hay que ser falangistas.
Hoy en día si se quiere que la Falange sea un movimiento político que pueda tener influencia en la España del futuro HAY QUE REFUNDAR LA FALANGE. Pero para refundar la Falange HAY QUE VOLVER A LA PRIMIGENIA INSPIRACIÓN DE SUS FUNDADORES, de “todos” sus fundadores y no sólo como erróneamente pretenden algunos “iluminados”de este o aquel (según sus preferencias o intereses personales) LA FALANGE O ES SINTEXIS O NO ES NADA.
Somos muchos los que creemos que se pueden hacer las cosas de otra manera. Tuvimos como enlace común las Falanges Juveniles de España. Pero ahora nos sentimos falangistas sin falange y muchos que no estuvieron con nosotros al principio, comparten hoy nuestras inquietudes